miércoles, 11 de marzo de 2015

Definiendo lo que valoramos: ¿qué es la verdad?

Verdad, bondad y belleza son tres predicados de las cosas,  no absolutos, sino relativos a cuánto se acercan a lo bueno, lo bello y lo verdaderoSon como una esencia diluida en la realidad, en las cosas, en las personas. Al percibir, convertimos la realidad en líquido (hablo en metáfora) dentro de nosotros. Y su bondad, verdad y belleza llevan tres aromas diferentes, aunque a menudo armoniosos. Si la realidad no lleva buena esencia, tampoco notamos su buen aroma. Si lleva perfume, añadido, notamos el aroma, pero éste es fugaz. Si lleva buena esencia, entonces podremos notar  el aroma de la esencia. Y si esa realidad aún no ha ocurrido, a la capacidad de percibir su buen aroma le llamamos intuición...

Pero percibir más o menos también depende de cómo seamos, estemos y actuemos. Tenemos que ser sensibles (hay gente muy, bastante o poco). Tenemos que alejarnos de otros olores (aunque si la bondad es intensa, la percibiremos). Y tenemos que tener nuestro vaso (recipiente del líquido de la realidad, para el que no encuentro otro nombre metafórico que alma) en calma (bellezas del lenguaje, quizá calma sea el apócope de co-alma, estado del alma en resonancia con el ser real de las cosas), para que las diminutas gotas de esencia puedan emerger...


 
Así pues, hoy voy a hablar de uno de esos tres predicados: La verdad.


Hasta la infantil y caótica postmodernidad, nadie inventaba palabras porque sí. Se buscaban nombres para las cosas reales, físicas, humanas o espirituales. Y desde la modernidad, para las científicas...




La verdad es una noción que se inventó porque era útil. La pregunta es ¿en qué pensaba quien la usó por primera vez? Me imagino a uno de nuestros ancestros, tratando de encontrar la palabra para definir... ¿qué?. Pues quizá, como era gente práctica, quiso llamar verdad a aquella expresión que lograba llegar a otro, comunicándole una realidad de un modo que el otro pudiese utilizar como experiencia, pero sin darle a ese otro la realidad misma. 



Una verdad es un reflejo comunicable y eficaz de la realidad.




Así pues, una verdad puede ser numérica, o artística, o verbal enfática, o gestual, y en cuanto a su fundamento puede ser argumentativa, o intuitiva, o evidente...



En todo caso, y siguiendo con nuestro pragmático inventor de la palabra verdad, probablemente quiso enfatizar que algo era verdad para señalar sin lugar a dudas que algo no era falso.


¿Y cuáles son esos vecinos falsos de la verdad? Pues aquí dejo una serie de ellos, a menudo manejados (o manoseados, con la lógica repulsa de quien lo siente en su intimidad) en entrevistas, informes y actos psiquiátricos varios.

La mentira: la respuesta deliberadamente falsa a una pregunta
El error: la respuesta involuntariamente falsa a una pregunta
El delirio: la respuesta necesariamente falsa a ¿por qué siento esto?
La exageración: la respuesta deliberadamente falsa (por exceso) a ¿cómo es esto de importante?

El frenesí: la respuesta emocionalmente falsa (por exceso) a ¿cómo es esto de importante?
La ocultación: la respuesta deliberadamente falsa (por defecto) a ¿cómo es esto de importante?
La minimización: la respuesta emocionalmente falsa (por defecto) a ¿cómo es esto de importante?
La negación: la respuesta automáticamente falsa a preguntas que merecen un sí
El engaño : la respuesta maliciosamente falsa sin que nadie haya hecho una pregunta

La fantasía: la respuesta gustosamente falsa a la pregunta ¿qué quiero?
La fabulación: la respuesta gustosamente falsa a la pregunta ¿quién eres?
La información: la respuesta ineficazmente falsa, que, como decía Elliot, hace perderse en ella el conocimiento y la sabiduría
La ininteligibilidad : la respuesta inopinablemente falsa, porque no se entiende
La literalidad (el mapa 1-1 de Borges): la respuesta ingenuamente falsa, pensando que el reflejo es la cosa


y uno de los peores vecinos, porque a veces nos confunde...

La Verdad (con mayúsculas pomposas, y vivida en solitario): aquí echo mano de memoria de unos versos de adolescencia...


La Verdad es un error 
con indulgencia parcial 
mientras llega otra mejor...




La coordinación en psiquiatría: minimalismo aplicado

Reuniones e inteligencia colectiva (1)

Coordinar a varios profesionales parece complejo, y que exige altas capacidades. 

Algunos psicólogos plantean que supone sufrir: manejar transferencias, fenómenos grupales, emociones intensas que "emergen"... Y aciertan, ya que en sus reuniones pasan esas cosas.

Algunos hiperdemócratas plantean que supone "respetar" (verbo transitivo que equivocadamente usamos sin objeto, pero de eso hablaré otro día...). Por eso, ceden la palabra educadamente al compañero, aplauden en silencio para no interrumpir, repiten mucho la palabra compañero, y reprimen con santa sonrisa la tensión que les provoca la lentitud e inoperancia de sus reuniones...

Algunos "jefes" (palabra que aplicamos mal, ya que uno sólo es jefe de sí mismo y de su casa...) plantean que las reuniones dependen de lo fielmente que se siga el orden del día, de repetir mucho la palabra sinergia para que se sinergie todo el mundo, de dejar clara la jerarquía, de comenzar puntual y terminar puntual...


He asistido a muchas reuniones de coordinación en psiquiatría. A menudo, quienes participan en dichas reuniones, se remueven en sus asientos, al ver que se convierten en intentos atropellados (y frustrantes) de resumir telegráficamente la complejidad de un paciente, o en votaciones sobre quién es más listo, o trabaja más, o manda más, o es el dueño del paciente, o en realities de popularidad de una decisión... 





Pero en realidad, coordinarse es insultantemente sencillo: lo hacen las aves al volar en bandada, los delfines al pescar, las hormigas, las abejas, los niños  jugadores de fútbol (y no siempre son los más listos de su clase...), los pandilleros al ir a por los rivales...





¿Cómo lo hacen? 




Una vez más, hemos confundido objetivo con consecuencia. La coordinación no es un objetivo: es una consecuencia de que un número manejable de individuos capaces persigan lo mismo, y que con el rabillo del ojo vean dónde están los otros, y se hagan gestos sencillos para órdenes simples (como los jugadores de baloncesto, los soldados de fuerzas especiales, los lobos cazando, nuestras reuniones de rehabilitación...) El elemento que armoniza a las invitadas a una boda no es su prodigiosa memoria, ni largas horas de esfuerzo ensayando. Es... la música (concretamente, y no alcanzo a comprender el por qué, esta música...). 

El elemento que armonizaría las coordinaciones en psiquiatría es buscar serenamente de manera habitual lo que ayuda al paciente. Buscarlo fuera de la reunión, quiero decir. 



¿Entonces, ya no nos reuniremos? 
Claro que sí, pero redefinamos las reuniones... Las reuniones han de ser para coordinarnos. Primero tenemos que ordenarnos cada uno hacia una dirección común, y luego, en la reunión, compartir sutilmente ese orden para no chocarnos. Co ordinarnos. Lo dice la palabra.

¿Y cuánto tenemos que coordinarnos? Todo.
¿Y reunirnos? Ah, eso es diferente... Reuniones hay que tenerlas según los objetivos.

Frecuentes y breves, para transmitir los titulares rápidos,  las noticias, las pinceladas.

Con algo menos de frecuencia, y algo más de duración, hay que tener algunas para pensar juntos, compartiendo un análisis sereno sobre un caso concreto (paciente, situación) o revisando en breves trazos lo cotidiano que nunca llega a ser noticia. Buscar en común el sentido común (tengo la intuición de que quien creó la expresión quería decir eso, el sentido que se encuentra en común, no el sentido que comunmente tenemos a solas...)

Y de vez en cuando, reuniones especiales, sin mirar el reloj, de celebración, de anuncio importante o, si fuese el caso, de crisis (que, en general, va a ser que no hacen falta si todos oímos la misma música, es decir, si no se nos ha colado ningún psicópata adaptado en el equipo...)


Y en todas ellas, formales e informales, podemos aprovechar (sin convocarlas para eso) para vernos las caras, y compartir emociones (cansancio, ilusión, perplejidad, paz...), y sentirnos parte de un equipo que se mueve.









martes, 10 de marzo de 2015

Sobre el silencio en psiquiatría




Silencio...

Parece una palabra sencilla, definida sobre todo por la ausencia de algo, de sonido, de palabras...

Pero, como ocurre con muchas otras palabras sencillas, en realidad el silencio esconde muchos matices.


Hay silencios en los grupos:

Hay silencios  aislantes, de personas ubicando soledades en sillas contiguas, pero sin compartir compañía.

Hay silencios asustados, por miedo a decir algo que se pueda volver en su contra.

Hay silencios adormilados, o directamente dormidos.

Hay silencios casuales, ángeles que pasan.

Y hay silencios maduros, de pacientes que piensan y terapeutas que saben esperar sin dirigir la sesión (esos a mí me cuestan)...



Los pacientes nos muestran distintos silencios:



Hay un silencio terco, de labios apretados, defensivo y cabizbajo, de quien no quiere seguir hablando "si no es en presencia de su abogado".

Hay un silencio angustiado, de quien siente que le están grabando, o que va a pasar algo muy malo si habla...

Hay un silencio pegajoso, disártrico, de quien tiene la mente tan embotada por pastillas que no despierta a hablar.

Hay un silencio bloqueado, de quien está absorto en un confuso diálogo interno de voces, sensaciones vividas como ajenas, palabras hostiles...

Hay un silencio catatónico, del depresivo mayor de verdad, que tiene el motor psíquico a tan bajas revoluciones que no genera ni deseos, ni movimientos, ni palabras, ni vida...

Hay un silencio manipulador, de quien castiga sin palabras a un interlocutor a quien quiere herir.

Hay un silencio mentiroso, con desviación de la mirada, de quien rápidamente compone una mentira y gana tiempo para urdir alguna medianamente creíble, salpimentándola con dramatismo expresivo...

Y hay un silencio reflexivo, de quien piensa antes de hablar, y se toma unos segundos de silencio...



También los profesionales tenemos silencios


Hay un silencio ignorante, de quien no sabe lo que debería saber, y protege celosamente su honor callando.

Hay un silencio aburrido, distraído, de quien deja que el paciente hable y hable, y ya pasará el siguiente.

Hay un silencio lacaniano, curativo o dañino como un bisturí, que arroja al paciente al vértigo de hablarse.

Hay un silencio cansado, de profesional quemado, que calla por no rabiar...

Pero hay también un silencio respetuoso, breve, ágil, que invita a seguir hablando.



Y también los centros psiquiátricos tienen sus silencios:

Un silencio neuroléptico, zombi, apagado y lastimoso.

Un silencio egoísta, insensible, roto de vez en cuando por gritos sin eco.

Un silencio asustado, carcelario, "ordenado".

Y hay también un silencio sereno, de personas que no gritan porque están ilusionadas o en paz, de pacientes que no están, porque hacen más y más vida fuera del centro, y de palabras que no se oyen porque se dicen en la intimidad respetuosa de un despacho...



"El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio" 

Aristóteles

sábado, 7 de marzo de 2015

Test de distancia terapéutica: resultados reales

(Recuerdo, en el contexto de una Unidad de Rehabilitación, pacientes con psicosis, internamientos involuntarios, duraciones de ingreso de 6-12 meses con excepciones justificadas...),

La lista de las cosas que hacemos  y no ha pasado nada malo por ello (y mucho bueno) es...



Invitar al paciente a que confeccione sus propios objetivos, y dar a dichas propuestas especial peso
Participar en actividades deportivas mixtas profesionales-pacientes
Señalar en grupos de psicoeducación aspectos controvertidos de la psiquiatría (discordancias diagnósticas, efectos secundarios de los tratamientos, limitaciones de la red asistencial…)
Comer en el comedor con los pacientes
Creer por principio las quejas somáticas del paciente y tratarlas análogamente a como lo haríamos en contexto médico fuera del ámbito psiquiátrico, salvo evidencia firme de simulación o síntoma psiquiátrico
Participar en actuaciones musicales o festivas con los pacientes
Señalar como errores los errores que el profesional cometa, y disculparse por ello
Recoger y dar curso a las quejas de pacientes sobre trato poco ético por algún miembro del equipo, sin situarse a priori
Usar el nombre de pila del paciente
Permitir que el paciente prepare su propio pastillero
Vestir de calle y sin bata los facultativos
Tomar café en grupo de pacientes y profesionales fuera del centro
Participar como facultativos en salidas culturales o de ocio con pacientes
Señalar como modo de presentación el nombre de pila propio
Uso recíproco del tuteo
Mostrar al paciente los informes de que disponemos
Hacer explícito en el momento y a posteriori ante el paciente que lamentamos cada contención o privación de autonomía, informando de que se lleva a cabo como mal menor
Revelación a otro profesional del correo electrónico o el número personal de móvil para que éste pueda contactar con el terapeuta y resolver una duda puntual sobre pautas de un paciente
Visitas al domicilio del paciente programadas en equipo
Permitir contacto esporádico o visitas de antiguos pacientes
Prestar pequeñas cantidades de dinero puntualmente
Participar físicamente en la contención de un paciente agitado
Cambiar el tratamiento ante una sugerencia razonable del paciente
Participar en el funeral de un paciente fallecido
Responder de modo veraz a preguntas socialmente aceptables sobre vida personal
Prestar el brazo al caminar cuando un paciente presenta dificultad motriz
Realizar entrevistas informales o intervenciones psicoterapéuticas en lugares del centro diferentes del despacho (jardín, sala de fumadores o pasillo sin otras personas cerca…)
Celebrar con una fiesta ante los demás pacientes y el personal (regalo, música, discursos) las altas terapéuticas


Para reducir sesgos,  la lista acciones que de hecho no llevamos a cabo o nos parecen francamente inadecuadas era:
Situarse sistemáticamente del lado del paciente cuando señale quejas contra un miembro del equipo
Entregar al paciente llaves de paso del centro
Restar importancia al consumo de tóxicos, con ejemplos de uso propio o en personas próximas
Realizar entrevistas informales o intervenciones psicoterapéuticas fuera del centro
Préstamo o donación de cantidades significativas de dinero a pacientes necesitados
Quedar con un paciente fuera del horario de trabajo
Hacer autorrevelaciones íntimas para propiciar sinceridad en la relación
Visitas al domicilio del paciente no programadas
Disculparnos o retractarnos de la aplicación de límites o contención
Revelación del correo electrónico o el número personal de móvil para que el paciente pueda contactar con el terapeuta
Golpear a un paciente como modo de contener episodio de ansiedad
Acariciar a un paciente como modo de aliviar un malestar o tristeza
Utilización de  palabras malsonantes para conferir naturalidad al trato
Uso de insultos como estímulo ante pacientes apáticos
Uso de ropa e imagen sexualmente atractivas para mejorar el vínculo terapéutico
Explicitar nuestro duelo anticipado ante pacientes con alto riesgo suicida
Cuestionar de modo global el tratamiento o la red de salud mental


Las acciones indudablemente adecuadas, para evitar el sesgo de que, por contraste con la lista anterior, las de la primera lista se aprecien como automáticamente indicadas son:

Saludar al paciente al comenzar la entrevista
Responder a las preguntas razonables que nos realiza aunque no figurasen en el plan de la entrevista
Felicitar al paciente por su cumpleaños
Identificarnos como profesionales en la primera entrevista
Informar al paciente del motivo de su ingreso y duración previsible
Informar al paciente del tratamiento administrado
Pedir consentimiento informado a pacientes civilmente capaces
Respetar las creencias religiosas o políticas del paciente
Informar verazmente al paciente de resultados patológicos en pruebas complementarias solicitadas
Expresar condolencias y empatía ante acontecimientos dolorosos referidos por el paciente

Felicitar al paciente ante acontecimientos favorables o logros positivos

Test de distancia terapéutica

Aquí tienes el autotest de "acciones de cercanía terapéutica que la realidad nos ha mostrado como eficaces, aunque en nuestra formación "ortodoxa" nos advirtieron contra ellas" .
Para reducir sesgos, se incluirán en la lista acciones que de hecho no llevamos a cabo o nos parecen francamente inadecuadas aunque supongan cercanía terapeuta-paciente.
Igualmente, se incluirán acciones indudablemente adecuadas, para evitar el sesgo de que, por contraste con la lista anterior, las que son objeto de estudio se aprecien como automáticamente indicadas. 
Léelas despacio, y piensa si son más bien aconsejables o más bien desaconsejables. (Recuerdo, sitúalas en el contexto de una Unidad de Rehabilitación, pacientes con psicosis, internamientos involuntarios, duraciones de ingreso de 6-12 meses con excepciones justificadas...)
Soluciones en este enlace:

Saludar al paciente al comenzar la entrevista
Responder a las preguntas razonables que nos realiza aunque no figurasen en el plan de la entrevista
Felicitar al paciente por su cumpleaños
Identificarnos como profesionales en la primera entrevista
Informar al paciente del motivo de su ingreso y duración previsible
Informar al paciente del tratamiento administrado
Participar en actuaciones musicales o festivas con los pacientes
Señalar como errores los errores que el profesional cometa, y disculparse por ello
Recoger y dar curso a las quejas de pacientes sobre trato poco ético por algún miembro del equipo, sin situarse a priori
Uso de ropa e imagen sexualmente atractivas para mejorar el vínculo terapéutico
Explicitar nuestro duelo anticipado ante pacientes con alto riesgo suicida
Cuestionar de modo global el tratamiento o la red de salud mental
Pedir consentimiento informado a pacientes civilmente capaces
Respetar las creencias religiosas o políticas del paciente
Informar verazmente al paciente de resultados patológicos en pruebas complementarias solicitadas
Expresar condolencias y empatía ante acontecimientos dolorosos referidos por el paciente
Felicitar al paciente ante acontecimientos favorables o logros positivos
Usar el nombre de pila del paciente
Permitir que el paciente prepare su propio pastillero
Vestir de calle y sin bata los facultativos
Tomar café en grupo de pacientes y profesionales fuera del centro
Participar como facultativos en salidas culturales o de ocio con pacientes
Señalar como modo de presentación el nombre de pila propio
Uso recíproco del tuteo
Mostrar al paciente los informes de que disponemos
Hacer explícito en el momento y a posteriori ante el paciente que lamentamos cada contención o privación de autonomía, informando de que se lleva a cabo como mal menor
Revelación a otro profesional del correo electrónico o el número personal de móvil para que éste pueda contactar con el terapeuta y resolver una duda puntual sobre pautas de un paciente
Visitas al domicilio del paciente programadas en equipo
Señalar en grupos de psicoeducación aspectos controvertidos de la psiquiatría (discordancias diagnósticas, efectos secundarios de los tratamientos, limitaciones de la red asistencial…)
Comer en el comedor con los pacientes
Creer por principio las quejas somáticas del paciente y tratarlas análogamente a como lo haríamos en contexto médico fuera del ámbito psiquiátrico, salvo evidencia firme de simulación o síntoma psiquiátrico
Disculparnos o retractarnos de la aplicación de límites o contención
Revelación del correo electrónico o el número personal de móvil para que el paciente pueda contactar con el terapeuta
Golpear en el rostro a un paciente como modo de contener episodio de ansiedad
Acariciar repetidamente a un paciente como modo de aliviar un malestar o tristeza
Permitir contacto esporádico o visitas de antiguos pacientes
Prestar pequeñas cantidades de dinero puntualmente
Participar físicamente en la contención de un paciente agitado
Cambiar el tratamiento ante una sugerencia razonable del paciente
Participar en el funeral de un paciente fallecido
Invitar al paciente a que confeccione sus propios objetivos, y dar a dichas propuestas especial peso
Participar en actividades deportivas mixtas profesionales-pacientes
Utilización de  palabras malsonantes para conferir naturalidad al trato
Uso de insultos como estímulo ante pacientes apáticos
Responder de modo veraz a preguntas socialmente aceptables sobre vida personal
Prestar el brazo al caminar cuando un paciente presenta dificultad motriz
Realizar entrevistas informales o intervenciones psicoterapéuticas en lugares del centro diferentes del despacho (jardín, sala de fumadores o pasillo sin otras personas cerca…)
Celebrar con una fiesta ante los demás pacientes y el personal (regalo, música, discursos) las altas terapéuticas
Situarse sistemáticamente del lado del paciente cuando señale quejas contra un miembro del equipo
Entregar al paciente llaves de paso del centro
Restar importancia al consumo de tóxicos, con ejemplos de uso propio o en personas próximas
Realizar entrevistas informales o intervenciones psicoterapéuticas fuera del centro
Préstamo o donación de cantidades significativas de dinero a pacientes necesitados
Quedar con un paciente fuera del horario de trabajo
Hacer autorrevelaciones íntimas para propiciar sinceridad en la relación
Visitas al domicilio del paciente no programadas


viernes, 6 de marzo de 2015

La distancia terapéutica: fuera miedos

“Distancia terapéutica con pacientes hospitalizados por psicosis crónica: comparativa entre realidad práctica y aprendizaje teórico”

JUSTIFICACIÓN
- “¿Qué se supone que tengo que hacer con él?
- “Ser humano. Humano. Ser un ser humano.” Samuel Shem

Uno de los elementos clave del tratamiento de personas con psicosis es la actitud que cada uno de los profesionales adopta en cuanto a la cercanía o distancia con el paciente, configurando un modo de relación terapéutica concreta. Existe poca información escrita que pueda servir de guía a los profesionales sobre el efecto real de cada una de las distintas posiciones en que se puede situar ante el paciente.
Durante ocho años, hemos observado que la puesta en marcha diaria en la Unidad de Tratamiento y Rehabilitación  de un modo de relación terapéutica cercana entre terapeutas y pacientes no sólo no ha supuesto difuminación de los límites necesarios terapeuta-paciente, sino que ha propiciado un clima altamente terapéutico. Encontramos resultados visibles en satisfacción de los pacientes, porcentaje de altas por mejoría,  reducción de eventos psiquiátricos graves (fugas, agitaciones, auto o heteroagresiones, consumo de tóxicos…), satisfacción global del personal asistencial, satisfacción de familiares, cumplimiento de tratamiento farmacológico y psicosocial, y, en cumplimiento de objetivos previos al  ingreso.
Ello contrasta con los temores previos transmitidos durante el periodo formativo de los especialistas de que la cercanía y flexibilidad eran el preámbulo de desestructuración del encuadre terapéutico, pérdida de “autoridad”, difuminación de la diferenciación terapeuta-paciente, sobreimplicación y desgaste profesional, cumplimiento irregular de tratamientos, cuestionamiento de la validez de los señalamientos terapéuticos, etc…

La experiencia ha sido tan sólidamente positiva que queremos hacerla extensiva a otros profesionales, a sabiendas de que no somos los primeros ni los únicos en descubrir que, desde la firmeza en los aspectos clínicos básicos, hay mucho margen para recuperar la naturalidad y la cercanía humana en el trato con el paciente, y con ello ganamos todos.






Los expertos en voces nos enseñan a tratarlas bien

Las voces son un síntoma típico en Psiquiatría. Como explico en esta otra entrada, pueden tener diversas causas, pero en un acercamiento médico simplón, se convierten a veces en el motivo principal y sin matices para indicar dosis altas de fármacos incómodos, como en el juego ese en el que un topillo asoma la cabeza de vez en cuando, y se le da con un mazo.



Ya explico en otra entrada que a mí, más que la teoría (que algo hay que tener) me sirve la experiencia.

Vamos a ver lo que explican expertos en voces (porque las tienen)

http://vocesenlacabeza.com/


Conforme se van abandonando las conductas de seguridad se van necesitando estrategias de afrontamiento incluso más fuertes para ayudarnos a afrontar las voces. Obviamente, la medicación habitualmente ayuda al menos un poco en esta área. Cada persona necesita encontrar la estrategia que le funciona a ella en concreto, porque cada uno es diferente. Tenemos que probar cosas hasta que encontremos que funciona para nosotros. ¿Por qué no probar con la lista siguiente, cada prueba durante un día, para ver si nos funciona?
1. Tararear una melodía o silbarla… busca una melodía que demuestre tu determinación. Si parece que esta ayudando un poco entonces extiende el periodo de prueba a toda una semana.
2. Escuchar música. Cuanto más interesante y relevante sea más te podrá ayudar. Como antes, si parece que esta siendo un poco de ayuda, prueba durante una semana antes de dejarlo.
3. Copiar este texto y leerlo cuando las voces aparezcan.
4. Pensar en la experiencia más positiva que hayas tenido, por ejemplo, cuando ganaste un premio en una competición deportiva escolar o fuiste elogiado. Mantén la imagen en tu mente un momento, y permite que tu mente se recree en ello. ¿Cómo reaccionan las voces?
5. Decirse a uno mismo que la voz tiene un significado personal para uno y que esto es una fuerza positiva en tu vida incluso si parece negativa.
6. Utilizar una estrategia espiritual positiva como un mantra o rezo.
7. Contestar a las voces si el contenido de las voces no es verdadero. Si la voz está diciendo algo que tu sabes que no es verdad, es importante que lo trates como si fuera un error puntual, como si tu nombre estuviera mal escrito en una carta. Solo porque una voz diga algo no significa que sea cierto.
8. Utiliza el teléfono móvil sin encenderlo. Dile por teléfono a la voz que hablarás con ella más tarde y que estás ocupado. Si la voz dice algo negativo corrígela reprendiéndola en el momento que lo haga.


http://postpsiquiatria.blogspot.com.es/2014/06/escuchando-voces-via-primera-vocal.html


Mis voces son una parte importante de mi identidad —literalmente, son parte de mí— así que sí, las echaría de menos si se fueran. 


http://entrevoces.org/?lang=es_ES&page_id=4


el movimiento internacional de escuchadores de voces plantea que estas son una experiencia humana normal y no el mero síntoma de una enfermedad. Por tanto, el contenido de estas experiencias es esencial para establecer un camino real de recuperación, ya que las alucinaciones auditivas están insertas en la vida de las personas que las experimentan, y con frecuencia, cuando tienen una carga negativa, no son sino la reacción a un acontecimiento traumático que no se ha resuelto de manera adecuada.



¿Y qué implicaciones puede tener esto en el tratamiento farmacológico?


Se me ocurren algunas:


En cualquier caso, merece la pena evitar el estrés: propiciar un entorno tranquilo, predecible, con pocos estímulos, enseñar alguna técnica de respiración para relajarse, ocupar la atención con música, uso de ansiolíticos a dosis bajas... Y supervisión directa mientras las voces sean angustiosas, imperativas o con repercusión en conductas de riesgo.


En las voces secundarias a estados de ánimo eufóricos o depresivos, lo primordial es tratar la depresión si la hay, y usar eutimizantes eficaces (litio), con la mínima, o a veces ninguna, asociación con neurolépticos.


En las alucinaciones visuales: control de riesgos, y tratamiento de la causa de la "inflamación neuroquímica".


Y en las voces de esquizofrenia... Propiciar contenidos de pensamiento serenos y positivos. Y en lo farmacológico, enlentecer un poco el flujo de pensamientos, y bajar el nivel de alerta hasta lo razonable (eliminando esa molesta autorreferencialidad), pero sin "escayolar" la mente. Los estudios (hay pocos serios, pero alguno hay, hasta a siete años) dicen que sí, que algo de neuroléptico hay que mantener. Pero que dosis altas, aparte de un abotargamiento inaceptable, peor rendimiento funcional, y bastante riesgo somático, producen neuroadaptaciones (ejemplo, mayor producción de dopamina, al notar el cerebro que "no llega a su destino" por bloqueo excesivo de sus receptores) que pueden dar fenómenos de rebote artificialmente intensos al dejar de golpe el tratamiento (con el perverso efecto de hacernos creer que la persona necesita esas megadosis).



Abundo en el tema en esta otra entrada sobre los neurolépticos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Los verdaderos expertos

Experto viene de experiencia. Y como en la vida vale copiar, a mí me gusta aprender de quienes tienen experiencia.





Estos son algunos de quienes tengo por "expertos", y a quienes trato de preguntar, o de imitar en lo que ya hacen, o imaginar qué harían, en situaciones de las que tienen experiencia eficaz:

En alegría, las personas felices.
En salud física, los sanos.
En manejo grupal, los líderes.
En desintoxicación, los antiguos toxicómanos.
En manejo de la inmadurez, los buenos profesores.
En amor, las parejas que mantienen el suyo en el tiempo.
En cuidado con afecto a personas enfermas, muchas, repito, muchas familias que he conocido, incluyendo la mía.
En superación, los que siguen a pesar de los pesares.
En rehabilitación, los que con diagnósticos pesados llevan paso ligero.
En terapia familiar, miles de padres.
En lo mejor para cada uno, cada uno, en momento de serenidad.
En comunicación, los publicistas.
En la vida, los que han vivido mucho.
En manejo de personas frustradas, los funcionarios de cobro de multas.
En motivación, los entrenadores.
En narrativas, los buenos escritores.
En redes sociales, los jóvenes.
En manejo de urgencias, los policías.
En adaptar lo general de la enfermedad a lo concreto del enfermo... l@s enfermer@s.
En controlar el ímpetu físico ajeno, los judokas.
En minimalismo, los menosdemileuristas.
En terapia ocupacional, los jubilados activos.
En estrategias eficaces, los psicópatas.
En manejo de alucinaciones, los expertos en voces (porque las tienen)
En medicación, los pacientes veteranos.
En trastorno límite de personalidad: la paciente más grave durante dos años en el pabellón de psiquiatría Thomson 2, que se autoayudó, se hizo psicóloga, y creó la TCD.
En psicofármacología... nadie, porque la básica es muy sencilla, y luego habrá que ajustarla según cada persona de un modo concreto que ningún ensayo pudo contemplar, y la "avanzada" es un intento de "distinguirse" nuevos y caros fármacos demasiado parecidos a los que ya existían.
En reducción de daño en tabaquismo, los vapeadores. Nunca, nunca, nunca (hasta ahora) los neumólogos...
En lenguaje no verbal, los seductores,
En antropología de la enfermedad, los sanadores, 
En organización pragmática, los mafiosos, 
En eficacia sobria, los militares, 
En elaboración de rupturas sentimentales, las amigas,
En planificación, los ingenieros, 
En infografia aplicada, los investigadores de las series americanas, con sus pizarras y fotos y planos

En Unidades de rehabilitación, Ananias pastor,


En nuestra Unidad de Rehabilitación, nuestro equipo,

En anti-tontapsiquiatría, Enrique González Duro


En psicoterapia... Beatriz Rodriguez Vega. Una entrevista suya es arte.


Y en mis áreas de mejora... Laura, mi paciente esposa...



Qué manía con la manía


Mira que había palabras para elegir.

Y mira que hay pocas enfermedades de verdad en psiquiatría (de hecho, reducibles a tres: la esquizofrenia, el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno bipolar).


Pues tuvieron que elegir manía para llamar a la fase hiperactiva del trastorno bipolar, al ritual del trastorno obsesivo compulsivo, y a la idea (con el apellido "persecutoria") más típica de la esquizofrenia...

La vida. Qué cosas tiene.

La autocrítica de los psiquiatras

Sí, junto a la ayuda que intentamos prestar desde esta rama de la Medicina, hay muchos aspectos ridículos, contradictorios, mercantilistas, vanidosos y trágicos en la Psiquiatría.

Pero al menos lo sabemos, y algunos hacemos autocrítica.

¿Para cuándo un blog como postpsiquiatría aplicado a otros ámbitos?

No veo por la red postjudicatura, ni postpolítica, ni postpolicía, ni postneumología, ni postperiodismo, ni postciudadanía, ni postempresarios, ni postpadres, ni postpostmodernos...

Y no por falta de razones...

Si el estrés produjese paranoias...

Echa un vistazo a la historia.

No hay siglo sin guerras, hambrunas, raptos, mortandad infantil, miedo, superstición, invasiones, injusticia...

Incluso ahora mismo, millones de personas soportan una dura lucha por las necesidades más básicas.

Y ni el pasado está lleno de psicosis (algo había, aunque sorprendentemente poco), ni los países más inestables padecen una "epidemia paranoide".


La historia es un gigantesco estudio de cohortes...

El reflejo empático

Una breve pincelada de algo que aprendí hace muchos años, y me ha servido muchas veces:

Cómo responder a la emoción del otro (útil para profesionales, familiares, y en general personas que se relacionen con personas).


Básicamente hay cuatro posibilidades:

1. quitar importancia (bromear, minimizar, "animar")
2. dar un consejo en forma de plan de actuación
3. hacer una interpretación profunda (de la escuela que sea)
4. acompañar en el sentimiento, con pocas palabras, como "vaya" o "ahá" o lo que de manera natural te surja. A eso le podíamos llamar "recoger" el sentimiento. Y en terminología académica se llama "reflejo empático". Incluso vale el silencio atento.


Pues bien. Recuerdo que nos pidieron en un Máster de psicoterapia hacer el ejercicio de que contásemos algo con emoción, y que cuatro compañeros nos contestasen según el modo 1,2,3 y 4. Cada uno de esos cuatro sentía que su contestación era correcta.

¿sabéis lo que sentía quien recibía las contestaciones?

1,2 y 3: cuerno quemado
4. Me entienden.


A veces olvidamos que, para casi cualquier "golpe" hay un contragolpe. Cuando alguien siente una emoción, si le damos tiempo, tras el primer impacto reaccionará. Y se dirá a sí mismo cosas del tipo 1, o 2, o 3.

No le intentemos acercar al "contragolpe". Ayudémosle sin más a encajar primero el "golpe".

1,2 y 3, sólo si nos lo pide.


Si alguien recuerda la película Bowling for Columbine, hay un momento en el que Michael Moore hace desfilar a distintos famosos contestando a la pregunta "¿qué les diría usted a los familiares de las víctimas?". Hay todo tipo de respuestas "animantes". Pero sólo hay una empática. La da Marilyn Manson, cuando dice " de momento, nada. Escucharía lo que ellos quieran decirme".



Y no era compañero del Máster, doy fe.