Hace tiempo mencionaba, en la entrada de psiquiatría y traumatología, cómo al principio de un tratamiento solemos recomendar "reposo" y cuidados básicos, y sólo cuando el tratamiento va haciendo remitir el episodio, pedimos al paciente que se esfuerce "aunque duela" (salir, abordar un tema espinoso, retomar el trabajo, etc...)
Este planteamiento me lleva a mencionar otro de los "latiguillos de psiquiatría" (aunque es más del familiar del paciente). Me refiero a la expresión "poner de su parte" a menudo precedida de un "¿verdad, doctor, que X (y aquí señala con la cabeza a un/a cabizbajo/a señor/a X) tiene que...(poner de su parte)?
He escuchado muchas veces esa pregunta, y he intentado (no siempre conseguido, ya que es muy socorrida) no emplear la expresión de marras yo mismo para un paciente.
¿Qué es "poner de su parte"? ¿Animarse cuando se está deprimido? ¿No ser obsesivo cuando se tiene un TOC? ¿Confiar cuando se está paranoico? ¿Ser más prudente cuando se está maníaco? Si eso es "poner de su parte", no sé que pintamos los psiquiatras. Bastaría con poner ante el paciente a alguien con voz de Moisés abriendo el Mar Rojo, diciéndole "pon de tu parteeeee" (con reverberación) y ya está, paciente curado, que pase el siguiente.
No. Las cosas no son así de sencillas, aunque nuestra egocéntrica miopía empática a veces nos haga sentir que el deprimido, el paranoico, el obsesivo o el maníaco están así "porque no ponen de su parte".
Claro que la actitud del paciente influye en su pronóstico. Pero sobretodo esto es importante en los momentos de estabilidad. Pacientes tenaces, flexibles, responsables, resistentes a la frustración, autónomos pero cumplidores de las indicaciones razonables... tendrán buen pronóstico sea cual sea el diagnóstico. Ahora bien: no pidamos a alguien que nos dé lo que en un momento dado no tiene. Los depresivos graves no tienen esperanza ni iniciativa, los paranoides sintomáticos no tienen confianza ni autocrítica, los obsesivos sintomáticos no tienen flexibilidad ni resolutividad, y los maníacos no tienen autocontrol. En los momentos agudos (días, semanas) sintomáticos, lo que pueden hacer "de su parte" es dejarse ayudar si pueden, no resistirse con el empuje autodestructivo que da la enfermedad que en esos momentos secuestra su voluntad, y ya está. Y quienes estamos a su alrededor, debemos proveer esos "mínimos básicos" (tratamiento, seguridad física con control externo, cuidado somático de alimentación y otras enfermedades graves, movilidad básica para evitar males mayores).
Si quitamos el freno de mano que tenía echado el paciente, veremos que, casi sin esfuerzo, pasamos de ver un coche parado a ver un coche en marcha sin que tengamos que empujarle.
La única circunstancia en la que el paciente ha de aprender a "poner de su parte" es aquel estado crónico, tras razonables intentos de amortiguar impacto de los síntomas en la calidad de vida y la autonomía. Pero de eso hablo en otra entrada...
viernes, 18 de noviembre de 2016
martes, 15 de noviembre de 2016
PUNTUALIDAD Y PROCRASTINACIÓN: SOBRE LA ORGANIZACIÓN DEL TIEMPO
Muchas veces nos han recordado la importancia de aprovechar
bien el tiempo de vida, pues es un bien precioso, caro (querible) y escaso,
como los buenos tesoros. Los antiguos nos lo decían (tempus fugit… carpe diem…memento
mori…el tiempo es oro…), los profetas de diversas religiones lo predicaban (San
Pablo decía a los efesios “por tanto tened cuidado cómo andáis, no como
insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo…”, ) y los anuncios
de la tele nos venden productos triviales envueltos en frases ciertas y sabias
sobre el tiempo (just do it, life is what you make of it, etc…).
Tiempo y salud mental van muy unidos. En su momento publiqué aquí una entrada sobre las distintas maneras de vivir mentalmente el tiempo, y sus consecuencias. Pero hoy quiero centrarme en el contenido del tiempo, en lo que hacemos con él.
Tiempo y salud mental van muy unidos. En su momento publiqué aquí una entrada sobre las distintas maneras de vivir mentalmente el tiempo, y sus consecuencias. Pero hoy quiero centrarme en el contenido del tiempo, en lo que hacemos con él.
En esa novela clarividente llamada Momo (y que conservo como
uno de mis primeros recuerdos de literatura de verdad cuando aún era un niño)
ya se exponía la paradoja gris de cómo al atarnos a mil y un cachivaches y
compromisos que supuestamente nos ahorrarían tiempo, en realidad nos estábamos
hipotecando y lastrando, de manera que dejábamos de dedicar esa vida (y ese
tiempo de vida) a las cosas verdaderamente importantes, es decir, nuestro cuidado y el de quienes nos rodean.
Así que... empecemos por las señales que nos dicen que no nos estamos
organizando bien.
La primera es la procrastinación. Pero…¿qué es la
procrastinación?
En una definición de lo visible, es la tendencia a postponer
o retrasar el cumplimiento de obligaciones… Y sin embargo, en una definición
algo más profunda, diríamos que es la resistencia que experimentamos a hacer un
esfuerzo que supera el valor de lo que aparentemente nos ofrecerá a cambio. Así
pues, no toda procrastinación es negativa. A veces, incluso es sana (hay
quienes nunca procrastinan porque no saben disfrutar de la vida, o porque viven
atemorizados por incumplir cualquier cosita, o porque obtienen un
reconocimiento egocéntrico y enorme ante sus tareas…).
La segunda es la impuntualidad (una forma específica de
procrastinación). Y …¿Qué es la impuntualidad?
En una definición de lo visible, es la tendencia a retrasar
el cumplimiento de la obligación de dejar algo para llegar a tiempo a una cita…
Y sin embargo, en una definición algo más profunda, diríamos que es la
resistencia que experimentamos a hacer un esfuerzo (por ejemplo, abandonar algo
agradable que estábamos haciendo) que supera el valor de lo que perderemos si
llegamos tarde. Así pues, no toda impuntualidad es negativa. A veces, incluso
es sana (hay quienes nunca llegan tarde porque no saben disfrutar de lo que
hacen, o porque viven atemorizados por el reproche en caso de llegar tarde, o
porque obtienen un reconocimiento egocéntrico ante sí mismos al “cuadrar”
exactamente sus horarios…).
Y la tercera es… el estrés. En una definición libre, diría
que es el desgaste psíquico y físico derivado de un mantenimiento excesivo del
nivel de esfuerzo (entendiendo que el esfuerzo en sí mismo no es patológico, si
se alterna con el reposo). Así pues, sentirse estresado es la señal de que, o
bien nos estamos cargando de excesivas tareas, o bien estamos intentando
cumplirlas con un grado de rigor excesivo.
Y es que hay tareas francamente absurdas en este mundo, y nuestro inconsciente nos avisa…
Pero como no podemos cambiar el mundo de golpe, y lo cierto
es que tenemos ya una serie de compromisos adquiridos, como los “impuestos” que
pagamos, hoy quiero reflexionar sobre las buenas maneras de organizarse. ¿Y por
qué? Pues porque no queremos, en general, dejar que se nos pase la vida
procrastinando lo importante, ni cargando a quienes nos rodean con la tarea de
esperarnos, ni sobrecargándonos de cosas que nos agobien, impidiéndonos llenarnos de lo más valioso.
Como principio general, antes de hacer un plan, hay que
estar sereno, así que nunca organicemos sin haber desahogado primero aquello que nos ahoga, o sin haber alimentado
aquello que nos tiene hambrientos.
Desde la serenidad, pensemos que en el día a día tenemos
tres tipos de asuntos importantes:
1.
Aquellos asuntos a los que nos hemos
comprometido con otras personas (y en los cuales si fallamos nos fallaremos a
nosotros y a otros),
2.
aquellos asuntos para los que necesitamos
personas o cosas (y a las que aunque no nos comprometemos, no podemos decidir
del todo libremente cuándo estarán disponibles)
3.
y aquellos asuntos para los que nos bastamos
solos, y que por tanto siempre están a nuestra mano.
A ese primer grupo de asuntos le llamaré piedras (y pueden
ser grandes o pequeñas según cómo sea de importante el asunto), al segundo
grupo de asuntos le llamaré arena, y al tercer grupo de asuntos le llamaré
agua. Y a continuación expondré un cuentecillo que habla de piedras, arena y
agua.
Cierto día un motivador estaba dando
una conferencia sobre gestión de tiempo a un grupo de profesionales. Para dejar
en claro un punto utilizó un ejemplo que los profesionales jamás olvidaran.
De pie frente a un auditorio
compuesto por gente muy exitosa dijo:
Quisiera hacerles una pequeña
demostración...
De debajo de la mesa sacó un jarro de
vidrio de boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena
de piedras del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro.
Cuando el jarro estaba lleno hasta el
tope y no podía colocar más piedras preguntó al auditorio: ¿Está lleno este
jarro? Todos los asistentes dijeron ¡Sí!
Entonces dijo: ¿Están seguros? Y sacó
de debajo de la mesa un cubo con piedras pequeñas de construcción. Echó un poco
de las piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden
en el espacio vacío entre las grandes.
Cuando hubo hecho esto preguntó una
vez más: ¿Está lleno este jarro?
Esta vez el auditorio ya suponía lo
que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta: “Probablemente no”.
Muy bien contestó el expositor. Sacó
de debajo de la mesa un cubo lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La
arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas.
Una vez más pregunto al grupo: ¿Está
lleno este jarro?
Esta vez varias personas respondieron
a coro: ¡No!
Una vez más el expositor dijo: ¡Muy
bien! luego sacó una jarra llena de agua y echó agua al jarro con piedras hasta
que estuvo lleno hasta el borde mismo. Cuando terminó, miro al auditorio y
preguntó: ¿Cual creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?
Uno de los espectadores levantó la
mano y dijo: La enseñanza es que no importa como de lleno esté tu horario, si
de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas.
¡No! replicó el expositor, esa no es
la enseñanza.
La enseñanza es que si
no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro
momento.
Así pues, y como dice el refrán, al
organizarse… primero la obligación, y después la devoción.
Y si queremos llevar una vida ligeros
de equipaje (podemos imaginar que el “tarro” del cuento es una “mochila” de
actividades que tenemos que llenar… ) llevemos pocas piedras. Y recordemos que, si no llenamos nosotros la mochila con lo que elijamos... otros nos la llenarán con lo que les convenga.
Y ahora, vamos a lo concreto
¿Cómo sacar más rendimiento al tiempo, y cómo organizarse
mejor?
Bueno. Aquí pongo una sugerencia.
Material: un corcho para poner los horarios semanales o
compromisos del mes, una agenda para las obligaciones personales, y un reloj.
Método:
De manera similar a los criterios para elegir casa
(situación, situación, situación), o a la hora de llenar bien una mochila, lo
mejor de nuestros esfuerzos y reflexiones ha de ir a… elegir tareas vitales
(aquellas que hacen rendir nuestros talentos, y que nos hacen disfrutar de
buenas compañías). El tema es tan importante que les dedicaré una entrada (en prosa, ya que en verso lo hice aquí y aquí).
Cada mes, apuntar las “piedras” en el corcho. De modo general, merece la pena cuidar de no
poner muchas tareas de ese tipo, y valorar bien que las que pongamos sean
realmente necesarias o valiosas. A diario, llevar la agenda para apuntar las
tareas/citas personales no repetitivas.
Antes de hacer una tarea incómoda, desahogar y llenar (ir al
baño, descansar un rato, comer algo ligero si tenemos hambre, oir algo de
música, disipar la imaginación, soltar tensión...). Y luego, ponerse a ello con
intensidad, con la misma rapidez con la que caminaríamos por un lugar
maloliente... Y cuando parezca que las “tareas” son cansadas… resoplar, pues sí
lo son, y luego pensar que… más duro aún es no poder hacerlas (los millones de
personas cuyo día a día se va en sobrevivir…) o decidir no hacerlas (los que
esperan que el mundo se lo dé todo hecho, y se sienten vacíos…)
Y cuando ya hemos cumplido las tareas de cada momento (profesionales, de ocio
y domésticas), tener prevista una actividad agradable (de “arena”, como un
programa de TV concreto que nos guste, una actividad “de apuntarse”, una conversación
o una cita con alguien querido…), o improvisar una de “agua”, como pasear,
ver algo de internet, meditar, oir música, darse un baño…
De manera espontánea, a medida que nos organicemos mejor,
irán menguando las “señales” que mencionábamos al principio (la
procrastinación, la impuntualidad y el estrés). Pero como a veces se crean
malos hábitos, aquí van tres remedios para los “restos” que queden…
Para la procrastinación: revisar si aquello que retrasamos
era realmente necesario, y si no, no hacerlo, y si sí, entonces ponerse cuanto
antes.
Para la impuntualidad: como la mejor manera de predecir el
futuro es el pasado, y el impuntual suele calcular con “optimismo”, restar a la
hora “idealmente” calculada de salida el tiempo que “realmente” solemos
retrasarnos en otras ocasiones. Funciona.
Y para el estrés… dejo enlace a una entrada específica.
martes, 8 de noviembre de 2016
Entendiendo lo que valoramos: La Soledad
Hummm. La soledad. A veces, es necesaria, como un modo de descansar de ese incesante gasto de energía que es la compañía cuando nos exige un esfuerzo (cuidarla, soportarla) .. A veces basta con un instante, como un respiro para tomar el aire que gastamos en palabras que cuidan, o para expulsar el que retenemos por no soltar palabras que hieran. ..
E incluso a veces hace falta prolongar esa soledad, como cuando casi todas las compañías son cargantes, y uno prefiere estar sólo que mal acompañado. ..
Pero hablemos claro. Algo malo sólo es aceptable para evitar algo peor. La soledad sólo es válida cuando la compañía es ese infierno que era para Sartre... Si no, es una pobreza. No es bueno vivir sólo. A solas, sentimos sed de miradas que nos quieran y nos reconozcan. Echamos en falta compañeros de batallas. Somos más fácilmente engañables por otros (o por nosotros mismos ). Y nos falta algo del sentido de la vida: amar y ser amados.
Así pues, pensemos en el debate entre soledad versus compañía como una cuestión de escalones: Primero, alejarnos de las malas compañías. Luego, cuidarnos en soledad (o buscando cuidadores válidos). Ojo. Cuidarse es hacer lo básico y sencillo, no obsesionarse ni empacharse de trocitos parciales de cuidados. Luego, compartir con buenos compañeros de salud. Luego, quiza, desde nuestra salud recuperada, encontrar a alguien valioso que valore como único nuestro valor, y enamorarnos, y quizá formar una pareja que camine en sintonía para con-vivir. Y por último, buscar también, desde nuestra salud ya bien sólida, echar una mano en equipos que cuidan a quien aún lo necesita (formar una familia que cuide a sus pequeños, o unirse a una organización de defensa de seres más débiles).
Y cómo se van subiendo esos escalones? Pues poco a poco. A veces queremos subirlos de golpe, y buscamos fuentes fugaces del afecto de pareja cuando aún no nos hemos cuidado bien... Y claro, lo fugaz dura poco, o era falso, o era dañino, o lo agarramos con fuerza excesiva por el miedo al vacío que nos dejaría perderlo... No. Subir los escalones a lo loco no es aconsejable.
Yo creo que es mejor hacer como uno de los protagonistas de la Historia Interminable, Atreyu, cuando tuvo que cruzar la tercera puerta. Resulta que ésta se mantenía firmemente cerrada cada vez que intentaba abrirla. Así que, tras varios esfuerzos vanos... dejó de preocuparse de ella, se ocupó de otras cosas (buenas, como contemplar las maravillas que le rodeaban) y en un momento dado, y sin buscarlo, su mano se apoyó sobre el picaporte y... milagro, la puerta se abrió.
Lo dice la sabiduría popular. El amor llega, no se busca. Se puede buscar, claro, seduciendo, y probablemente cacemos algo si ofrecemos un buen señuelo, pero... es eso lo que queremos? Alguien que quiera la imitación disfrazada de nosotros? Lo dudo.
Queremos alguien enamorado de la mejor versión de nosotros (la que tenemos cuando nos cuidamos), y que, porque nos quiere, nos cuidará (sin descuidarse) cuando la situación lo requiera.
Suerte. Todos somos amables, si queremos...
lunes, 3 de octubre de 2016
Entendiendo la paranoia
Hummmm. La paranoia. Fácil de diagnosticar, difícil de aceptar, y complicada de tratar. Es la verdadera jaqueca para psiquiatras, pacientes y entorno. Voy a tratar de reunir en esta entrada algunas explicaciones que ya dejé apuntadas en otras anteriores, sobre la verdad, los delirios, la locura y la esquizofrenia...
La realidad es muy compleja. Tanto,
que para ordenarla con un cierto sentido, la transformamos en una historia. Y
no hay dos historias iguales cuando dos personas ven la misma realidad… El
ejemplo típico es un partido de fútbol: si leemos la crónica del equipo que
ganó, dirá cosas como “victoria merecida del Atlético de Nosédonde” y escribirá
en lenguaje alegre. Y si miramos el mismo partido contado por el periódico del
perdedor, leeremos cosas como “El Fútbol Club Nosécuantos vuelve a tropezar, a
pesar de su buen juego”.
Así pues, si queremos comprender lo que nos jugamos en esas historias, quizá empecemos por entender qué es la verdad…
La verdad es una noción que se inventó porque era útil. La pregunta es ¿en qué pensaba quien la usó por primera vez? Me imagino a uno de nuestros ancestros, tratando de encontrar la palabra para definir... ¿qué?. Pues quizá, como era gente práctica, quiso llamar verdad a aquella expresión que lograba llegar a otro, comunicándole una realidad de un modo que el otro pudiese utilizar como experiencia, pero sin darle a ese otro la realidad misma.
Una verdad es un reflejo comunicable y eficaz de la realidad.
Pero percibir más o menos también depende de cómo seamos, estemos y actuemos. Tenemos que ser sensibles. Y tenemos que tener nuestra mente en calma (bellezas del lenguaje, quizá calma sea el apócope de co-alma, estado del alma en resonancia con el ser real de las cosas). A veces no lo hacemos, y nos parece que no hay bondad, verdad o belleza en nosotros, o en los demás. Pero si estamos serenos, estamos a un solo paso de notarla.
En todo caso, y siguiendo con nuestro pragmático inventor de la palabra verdad, probablemente quiso enfatizar que algo era verdad para señalar sin lugar a dudas que algo no era falso.
¿Y cuáles son esos vecinos falsos de la verdad? Pues aquí dejo una serie de ellos, a menudo manejados (o manoseados, con la lógica repulsa de quien lo siente en su intimidad) en entrevistas, informes y actos psiquiátricos varios.
La mentira: la respuesta deliberadamente falsa a una pregunta
El error: la respuesta involuntariamente falsa a una pregunta
El delirio: la respuesta necesaria, pero falsa, a ¿por qué siento esto?
La exageración: la respuesta deliberadamente falsa (por exceso) a ¿cómo es esto de importante?
El frenesí: la respuesta emocionalmente falsa (por exceso) a ¿cómo es esto de importante?
La ocultación: la respuesta deliberadamente falsa (por defecto) a ¿cómo es esto de importante?
La minimización: la respuesta emocionalmente falsa (por defecto) a ¿cómo es esto de importante?
La negación: la respuesta automáticamente falsa a preguntas que merecen un sí
El engaño: la respuesta maliciosamente falsa sin que nadie haya hecho una pregunta
La fantasía: la respuesta gustosamente falsa a la pregunta ¿qué quiero?
y uno de los peores vecinos, porque a veces nos confunde...
La Verdad con mayúsculas pomposas, y vivida en solitario creyendo que la poseemos de modo absoluto…
Dicho lo anterior, la paranoia es un tipo de delirio (o sea, que es un
punto de vista sincero, pero no compartible con los demás) en el que,
típicamente, uno narra, con elevada emoción, los hechos de los que ha sido
testigo o protagonista, pero con algunas particularidades:
La primera es que
dicha narración produce mucho malestar.
La segunda es que no suele producir
solución eficaz a los problemas.
Y la tercera es que nadie o casi nadie más
cree que sea verdad… Realmente es un problema.
He visto
cientos de casos en que un paciente se enfadaba al ver que su "verdad"
no era creída, y el familiar se desesperaba al ver que el paciente sí
creía su "locura". Y tras quince años de ejercicio profesional, voy
llegando a la conclusión de que, cuando dos personas de buen corazón
discrepan apasionadamente sobre algo, es que ambas "verdades" contienen
un trozo importante de "verdad".
Quizá lo patológico no sea, por tanto, decir tal o cual cosa, sino dejar que ese trozo de verdad que se defiende crezca desmesuradamente, ocupando más espacio en el ánimo, la conducta y el pensamiento del que merece, y aislando a la persona.
Quizá lo patológico no sea, por tanto, decir tal o cual cosa, sino dejar que ese trozo de verdad que se defiende crezca desmesuradamente, ocupando más espacio en el ánimo, la conducta y el pensamiento del que merece, y aislando a la persona.
Pues bien, el llamado delirio
paranoide (me persiguen, me perjudican, etc…) puede ser manifestación de
fenómenos bien diversos, y produce un elevado estado de defensa
y alerta, coherente con lo percibido. Pero agotador. Y desmesurado, como los
precios de algunos seguros...
Ocurre
que, una vez sentida con intensidad dicha "paranoia",
secundariamente, hay una reactivación inespecífica mesolímbica (mediada
por dopamina) que induce ese estado inespecífico autorreferencial y
angustioso. Digo inespecífico porque ese tercer cerebro mesolímbico se
puede poner en "modo paranoide" por multitud de circunstancias:
agonistas catecolaminérgicos como la cocaína, situaciones vitales
persecutorias, episodios anímicos de hiper o hipotimia... y, sí, también
como respuesta a la perplejidad de sentir "dos mentes" en nuestra
mente.
Esa
activación mesolímbica induce indirectamente una actividad imaginativa
de la corteza no dominante, dando una especie de "pesadillas lúcidas" de
tipo delirante alucinatorio (el sujeto produce palabras mentales
amenazantes u ominosas, dota de significados amenazantes cualquier
ligera variación de estímulos olfativos, propioceptivos, auditivos o
visuales...), y se crea un círculo vicioso, ya que las "historias" que
su cerebro imaginativo le va narrando como reales, activan aún más su
cerebro mesolímbico...
¿Qué
hacer para aliviar esa “hiperalerta?
Pues si te ha pasado a ti, cuidarte para que no te vuelva a pasar (habla con tu psiquiatra). Y si le ha pasado o le pasa a alguien cercano, habrá que actuar cuando:
Pues si te ha pasado a ti, cuidarte para que no te vuelva a pasar (habla con tu psiquiatra). Y si le ha pasado o le pasa a alguien cercano, habrá que actuar cuando:
a) como emoción, tenga tanta
fuerza que produzca una conducta no deseada por la persona en condiciones de
serenidad (es decir, cuando quita libertad). En los casos descritos, casi
siempre, aunque a veces hay delirios crónicos que terminan por
"encapsularse" y ya no comprometen la libertad.
b) o cuando su intensidad o su frecuencia causan un malestar notable en la persona (es decir, cuando "duele"). En los casos descritos, es variable: en la depresión, "duele" casi siempre, en la esquizofrenia, sólo a veces hay angustia, y en la manía delirante no "duele" casi nunca (de hecho, subjetivamente puede ser agradable, pero agotador y peligroso en la conducta).
b) o cuando su intensidad o su frecuencia causan un malestar notable en la persona (es decir, cuando "duele"). En los casos descritos, es variable: en la depresión, "duele" casi siempre, en la esquizofrenia, sólo a veces hay angustia, y en la manía delirante no "duele" casi nunca (de hecho, subjetivamente puede ser agradable, pero agotador y peligroso en la conducta).
Por tanto, no es loco quien piensa tal o cual cosa, sino quien comete la locura de no amar, o de amarse demasiado (egolatrándose), o de amarse destruyendo a otros, o consumiendo sustancias tóxicas, o deseando la muerte, o creyéndose en posesión solitaria de La Verdad... Y si en algún momento sentimos deseo de hacer ese tipo de locuras, entonces no tenemos que intentar debatir su fundamento teórico: debemos pedir ayuda (compañía eficaz que cuide), para recuperar la paz de espíritu que nos permita pensar en libertad, sin que ningún pensamiento, por poco convencional que sea, nos lleve a hacer locuras...
¿Y cómo actuar?
Pues
empezar por identificar factores que lo producen, y retirarlos (ejemplo: la
cocaína, el exceso de cafeína, la depresión, la fase maniaca de un trastorno
bipolar, la esquizofrenia, el estrés ambiental…)
Si
a pesar de tratar lo anterior, uno sigue sintiendo esa desconfianza hacia casi
todo, suele ser útil la toma de algún neuroléptico a dosis bajas. Además, se
pueden usar remedios para reducir la ansiedad (paseos, música, conversación,
ejercicio físico, ansiolíticos…)
Y
lo más importante. Ocupar la mente con
todas aquellas cosas, que también forman parte de la realidad, y que son
necesarias o agradables (o ambas): tareas, actividades de ocio, buena compañía,
proyectos ilusionantes…
miércoles, 13 de abril de 2016
Paradojas de la experiencia
Lecciones de vida contraintuitivas: Cuando la realidad desafía la intuición
La vida nos enseña que lo obvio no siempre es verdadero. A menudo, las lecciones más valiosas chocan frontalmente con nuestras creencias iniciales, desafiando la lógica superficial para revelar profundidades inesperadas. Estas verdades contraintuitivas, aunque al principio parecen absurdas, terminan siendo confirmadas por la experiencia. Aunque ya plasmé algunas de estas en una canción, le he preguntado a la IA, como aglutinadora de experiencias, algunas de las más reveladoras.
Y este es el resultado
---
1. **El sufrimiento es un catalizador del crecimiento**
*Contraintuición inicial*: Evitar el dolor a toda costa parece lo más sensato.
*Confirmación experiencial*:
- Estudios en psicología postraumática muestran que el 70% de las personas que enfrentan adversidades desarrollan **crecimiento postraumático**: mayor resiliencia, aprecio por la vida y fortalecimiento de relaciones[^6^].
- Ejemplo histórico: Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto, demostró en *El hombre en busca de sentido* que el sufrimiento puede dotar de propósito si se reinterpreta.
La paradoja radica en que **la evitación del dolor limita nuestra capacidad de adaptación**, mientras que su integración nos fortalece. Como escribió Nietzsche: *"Lo que no me mata, me hace más fuerte"*.
---
2. **Ayudar a otros beneficia más al que da que al que recibe**
*Contraintuición inicial*: Creemos que dar es un acto de generosidad unidireccional.
*Confirmación experiencial*:
- Investigaciones de la Universidad de Harvard revelan que actos de altruismo activan el **núcleo accumbens**, centro cerebral de recompensa, con mayor intensidad que recibir ayuda[^4^].
- Datos epidemiológicos: Personas que realizan voluntariado regular tienen un **22% menos de riesgo de mortalidad prematura**[^8^].
Ayudar no solo mejora la autoestima, sino que crea redes de apoyo recíproco. La frase *"dar para recibir"* adquiere aquí un significado literal.
---
## 3. **La autocrítica excesiva socava el progreso**
*Contraintuición inicial*: Pensamos que ser duros con nosotros mismos nos impulsa a mejorar.
*Confirmación experiencial*:
- Un estudio de la Universidad de California halló que la **autocompasión** aumenta la motivación intrínseca en un 40% respecto a la autocrítica[^7^].
- En deportes de élite, atletas que practican *self-talk* positivo (ej.: "Puedo ajustar mi técnica") superan en rendimiento a quienes se reprenden[^3^].
La paradoja es que **aceptar los errores con amabilidad nos permite corregirlos mejor que el castigo interno**. Como decía Carl Rogers: *"La curiosa paradoja es que cuando me acepto como soy, entonces puedo cambiar"*.
---
## 4. **Menos opciones generan mayor satisfacción**
*Contraintuición inicial*: Asumimos que más alternativas equivalen a más libertad.
*Confirmación experiencial*:
- El **experimento de la mermelada** de Iyengar y Lepper (2000) mostró que los consumidores compraban 10 veces más cuando tenían 6 opciones que cuando enfrentaban 24.
- En psicología cognitiva, la *sobrecarga de elección* aumenta la ansiedad y el arrepentimiento postdecisional[^5^].
Simplificar reduce la fatiga mental. Como enseñan las filosofías minimalistas: **La verdadera libertad no está en tenerlo todo, sino en querer lo que se tiene**.
---
## 5. **La vulnerabilidad es la base de la conexión auténtica**
*Contraintuición inicial*: Equiparamos vulnerabilidad con debilidad.
*Confirmación experiencial*:
- Brené Brown, en sus investigaciones sobre la vergüenza, descubrió que líderes que muestran vulnerabilidad son percibidos como **un 34% más competentes y empáticos**[^2^].
- En terapia de pareja, compartir miedos profundos aumenta la intimidad en un 60% frente a la ocultación[^1^].
La paradoja radica en que **exponer nuestras fragilidades nos hace más fuertes socialmente**. Como dijo Hemingway: *"El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado"*.
---
## 6. **El fracaso es el camino más directo al éxito**
*Contraintuición inicial*: Vemos el error como un callejón sin salida.
*Confirmación experiencial*:
- Un análisis de 1,000 emprendedores mostró que quienes habían fracasado antes tenían un **20% más de éxito en su siguiente venture**[^6^].
- En ciencia, el 90% de los descubrimientos relevantes surgieron de hipótesis inicialmente erróneas (ej.: penicilina, radiación de fondo cósmico)[^8^].
Thomas Edison lo resumió: *"No fracasé. Solo encontré 10,000 formas que no funcionan"*. El fracaso no es opuesto al éxito, es parte de su proceso.
---
## 7. **La gratitud en la adversidad transforma la percepción**
*Contraintuición inicial*: Agradecer en momentos difíciles parece ilógico.
*Confirmación experiencial*:
- Practicar gratitud durante crisis reduce el cortisol (hormona del estrés) en un 23% y aumenta la resiliencia emocional[^7^].
- Víctimas de desastres naturales que focalizan en lo positivo (ej.: "Sobreviví") se recuperan psicológicamente el doble de rápido[^4^].
No se trata de negar el dolor, sino de **encontrar puntos de luz en la oscuridad**. Como escribió Epicuro: *"No es lo que tienes, sino cómo lo disfrutas"*.
---
## Conclusión: La Sabiduría de lo Paradójico
Estas lecciones contraintuitivas revelan un principio universal: **la realidad suele ser más compleja que nuestras intuiciones primarias**. Aceptar esta paradoja nos permite navegar la vida con mayor profundidad, encontrando sentido donde aparentemente no lo hay. Como señalaba el filósofo Alan Watts: *"El único modo de ganar es dejar de jugar a ganar"*. En un mundo obsesionado con respuestas rápidas, quizás la mayor lección sea que las verdades más profundas residen en preguntas que desafían lo evidente.
domingo, 14 de febrero de 2016
QUIERO
Hay
quien dice que las cicatrices
te
rompen por dentro,
hay
quien dice que todo en la vida
es
andar sin heridas
callar
el dolor.
Hay
quien duerme apagando los sueños
que no
quiere dueños
en su
corazón.
Hay
quien quiere cuidarse de todo
y amar
sin amor...
Pero
yo...
quiero
reconocer que te quiero
y este
fruto dejártelo entero
con
piel.
Porque
yo
quiero
ser dos personas en una
y volar
más allá de la luna
de
miel...
Hay
quien toma a bocados sus días
como
los hambrientos
quien
apura su copa con prisa
y
esconde en la risa
su
miedo a morir.
Hay
quien piensa llenarse a sí mismo
y en un
espejismo
quedarse
a vivir...
Hay
quien quiere guardar para siempre
lo que tiene fin.
Pero
yo …
quiero
darte lo que llevo dentro
y salir
cada día a tu encuentro
otra
vez.
Porque
yo
quiero
ser el que quiere alcanzarte
y subir
a las nubes y amarte...
Ya ves.
Porque yo...
quiero reconocer que te quiero
y este fruto dejártelo entero
con piel.
Porque yo
quiero ser dos personas en una
y volar más allá de la luna
de miel...
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