FELICIDAD
Hace
mucho, en un reino lejano,
con justicia reinaba un gran hombre.
No tenía ni amigos, ni hermanos.
Era un ser humano.
No importa su nombre.
con justicia reinaba un gran hombre.
No tenía ni amigos, ni hermanos.
Era un ser humano.
No importa su nombre.
Poseía riquezas sin cuento
en tesoros que había ganado.
Pero un día soltó un juramento.
No estaba contento.
No estaba saciado.
Algo dentro de sí le pedía
y ningún buen manjar le llenaba.
y ningún buen manjar le llenaba.
Algo dentro de sí le dolía,
mas nadie sabía
lo que le faltaba.
Decidió ir a buscar lo profundo
que pudiese llenar su vacío.
Y se fue, como un buen vagabundo
y salió a ver el mundo
sin miedo ni frío.
Preguntó en facultades y templos.
Preguntó a los más sabios y viejos.
Pero nadie le daba un ejemplo
ni risa, ni tiempo,
ni buenos consejos.
Buscó mucho también en las cosas,
en la fiesta continua, el exceso,
en tratar de cazar mariposas
pupilas graciosas
con ojos perversos…
que pudiese llenar su vacío.
Y se fue, como un buen vagabundo
y salió a ver el mundo
sin miedo ni frío.
Preguntó en facultades y templos.
Preguntó a los más sabios y viejos.
Pero nadie le daba un ejemplo
ni risa, ni tiempo,
ni buenos consejos.
Buscó mucho también en las cosas,
en la fiesta continua, el exceso,
en tratar de cazar mariposas
pupilas graciosas
con ojos perversos…
Y al final, agotado y rendido,
se sentó a recobrar el aliento,
y así estaba sin más, distraído,
y de pronto un sonido
llegó con el viento.
Era un hombre tocando un flautín
que sonaba como un sentimiento.
Y el buen rey, conmovido por fin
le quiso pedir
su sencillo instrumento.
El buen hombre accedio sin tardanza
Y el buen rey sonrió imaginando
Lo feliz que le harían las danzas
Y el hombre sin flauta
Se fue caminando
Pero entonces el rey que buscaba
lo que no consiguió entre los sabios
escuchó una sencilla tonada
que el hombre silbaba
sólo con sus labios…
que sonaba como un sentimiento.
Y el buen rey, conmovido por fin
le quiso pedir
su sencillo instrumento.
El buen hombre accedio sin tardanza
Y el buen rey sonrió imaginando
Lo feliz que le harían las danzas
Y el hombre sin flauta
Se fue caminando
Pero entonces el rey que buscaba
lo que no consiguió entre los sabios
escuchó una sencilla tonada
que el hombre silbaba
sólo con sus labios…
Y entendió en ese mismo momento
la enseñanza que no tiene edad:
el tesoro de un hombre contento
es su movimiento…
Es feliz y da.
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