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jueves, 23 de noviembre de 2017

Sobre el objetivo de este blog, y el cómo leerlo




Este no pretende ser un blog de psiquiatría erudito. El motivo principal de escribirlo es que, después de unos quince años trabajando como psiquiatra, colaborando con la formación de residentes y de otros profesionales, siguiendo pacientes durante años en consulta privada y, muy especialmente conviviendo a diario desde hace ocho años cada mañana con 30 personas diagnosticadas de enfermedad mental grave en una unidad de rehabilitación, he ido aprendiendo algunas cosas que no se corresponden con lo que leí en su momento en los libros, ni con lo que me enseñaron de residente.

Tengo que aclarar que ni siquiera aspiro a que sea "original". La mayor parte de cosas que escriba en él sólo son "mías" en un sentido teórico (o sea, no directamente copia-pegado), pero en la práctica las he aprendido de los libros de psiquiatría (dejé de leerlos hace mucho tiempo, pero al principio sí estudié, claro está), de mis compañeros de equipo, de mis amigos, de miles de pacientes y familiares, de los medios de comunicación, de internet, de la reflexión, de mi educación en la fe católica, de mis caminatas por el camino de Santiago y mis excursiones teóricas por la heterodoxia, de miles de libros de toda índole (novelas, ensayos, poesía, divulgaciones históricas, filosóficas o científicas, teología, distopías, ciencia ficción, manuales de educación,  manuales de supervivencia zombie...). En fin. Un poco de mucho. Y por eso he decidido volcar ese poco de muchas sencillas reflexiones en torno a la psiquiatría en forma de blog, porque desde que me puse a hacerlo con el vapeo como reducción de daño en tabaquismo (mi otro tema), he descubierto lo eficaz  y cómodo de este modo de explicarme. 


La psiquiatría necesita un cambio. Pero creo más en la evolución que en las revolucionesY como creo en la inteligencia colectiva y en la potencia que tiene Internet como aglutinador de experiencias, y francamente no me veo con fuerzas como para hacer un estudio doble ciego o una tesis doctoral de cada uno de los temas que pienso escribir aquí, pues voy a lo fácil (o quizá sería mejor decir a lo práctico) y trataré de ir desgranando en estas entradas lo que de una manera genérica podríamos llamar reflexiones de sentido común y psiquiatría. Es copyleft, por cierto. Copia lo que quieras, mientras no lo uses con fines comerciales, y cites fuentes.

Espero que sea de utilidad. Y si alguien quiere enriquecerlo con comentarios, bienvenido. 



Para que no parezcan muy surrealistas los títulos, quiero dividir las entradas en ocho bloques. Si pinchas en cada uno, irás a una entrada en la que se reúnen los artículos de cada tema.

1. Entendiendo... lo que sea. Una explicación fenomenológica sencilla de lo principal que vemos en psiquiatría (alucinaciones, ansiedad, delirios, depresiones. etc...), que apunta también a pautas de tratamiento. 

2 Reflexiones: sobre lo psiquiátrico, lo mental, lo humano con cierto humor, o a veces con poesía. Y también un ejercicio de renombrar lo psiquiátrico, procurando no inventar con latinismos cacofónicos lo que ya está inventado: las palabras que hablan sobre lo humano.


3. Breve guía de diagnóstico y tratamiento minimalista: útil para psiquiatras que quieran descomplicarse (y ayudar mejor) y también para pacientes, familiares, jueces, profesores, médicos generales... que miraban la psiquiatría como algo abstruso, pese a que lo psiquiátrico les concierne y mucho.



4. Que la psiquiatría aprenda fuera de la psiquiatría: por qué inventar lo que ya está inventado. Preguntemos a la realidad, a la historia, y a los expertos de verdad.


5. Que la sociedad aprenda de la psiquiatría: ¿por qué no aprovechar el caudal de experiencia de los psiquiatras en lo suyo, el paciente psiquiátrico, y el estilo autocrítico, progresivo, cercano pero firme, de muchos psiquiatras, para extenderlo a la educación, al código civil, etc...? No te asustes por esto. No lo digo con grandiosidad. Pero grano a grano se forman largas playas.



6. Un poco de antipsiquiatría (anti-tontapsiquiatría, en realidad). Con un poco de acidez, y por etapas. No quiero destruir nada hasta que no haya crecido lo que lo vaya a sustituir. Pero de vez en cuando hay que mirar a la herida... y  señalar de vez en cuando paradojas de la psiquiatría, o pensamientos sobre lo cotidiano de nuestro trabajo




7. Compartiendo experiencia real: quince años de trabajo y ocho de ellos en una unidad de rehabilitación dan para mucho. Muchos ensayos y errores. Muchos hallazgos casuales. Muchas intuiciones que el tiempo ha mostrado como eficaces. Muchas lecciones magistrales de los verdaderos maestros: los pacientes veteranos que van bien. Los que tienen conciencia de salud.


8. Versos cantables de psiquiatría: una selección de poemas que, con acordes sencillos, se convirtieron en canciones para algunas de las fiestas de familias que organizamos en la Unidad.



En fin, la psiquiatría se hace poco a poco, como en los versos cantables de la Unidad en la que trabajo...


Y ASÍ CADA DÍA, LUCHANDO POCO A POCO,
TRATANDO DE NO "COMERME MUCHO EL COCO".
A VECES ACIERTO, Y A VECES ME EQUIVOCO,

QUE NO HAY SER HUMANO QUE NO ESTÉ UN POCO LOCO…


poco a poco, sin dar saltos, acumulando conocimiento macerado en experiencia (eso es la sabiduría), y sabiendo que llevamos con nosotros casi todo lo necesario para vivir bien. 

O sea, como las tortugas...







Hablemos de sexo


Voy a tratar de resumir aquí algunas de las ideas que surgieron en una charla que ayer tuve ocasión de mantener en la asociación Psiquiatría y Vida sobre aspectos de la sexualidad en las personas con enfermedad mental grave.

Lo haré dividiendo la entrada en cinco partes: unas consideraciones previas, una aproximación a lo importante de lo sexual en el proyecto de vida, una justificación del valor inmediato de la sexualidad, un breve apunte sobre lo específico de la enfermedad mental, y unas recomendaciones prácticas.




I. Consideraciones previas:

En primer lugar quiero señalar la delicadeza y el respeto con el que quiero abordar esta faceta de la vida. Cuando era pequeño me enseñaron la diferencia entre el pudor y la vergüenza.

Vergüenza es el temor y rechazo a que los demás vean y juzguen algo torpe que tenemos o hacemos.
Pudor es el cuidado y rechazo a mostrar algo delicado y digno ante personas de las que no sabemos si van a tratarlo con delicadeza o de las que ya sabemos que van a tratar eso digno con rudeza.



Pues bien: en este caso, hablar de la sexualidad no es algo que nos debe producir vergüenza, pero sí es algo que nos produce lógicamente pudor en la medida en la que lo consideremos digno, delicado y en ocasiones mal tratable. 

De hecho, lo que me produce cierta vergüenza es lo poco que nos ocupamos los psiquiatras de esta importante faceta de la vida de los pacientes. De todas las dimensiones que tiene la sexualidad (biológica, social, espiritual, familiar, moral, legal, estética, afectiva, comunicativa, reafirmadora de la propia validez, sanitaria, psicopatológica, recreativa, reproductiva...) parece que sólo nos importan sus efectos negativos...



II. Comienzo con una aproximación general:

Voy a comenzar recordando ese esquema de la pirámide de Maslow que de alguna manera resume todos los aspectos de nuestra vida que queremos llenar o saciar: las necesidades básicas, la seguridad, el afecto, el reconocimiento y el sentido.



Pues bien: ya desde antiguo aquellas realidades que tenían profundas implicaciones en nuestra capacidad para rellenar todos esos niveles eran tratadas como sagradas (por ejemplo la limpieza porque evitaba enfermedades, los alimentos, el descanso, la paz...)

Y si hacemos caso a esos dos grandes polos de Eros y Tánathos (dar vida y dar muerte) diríamos que la sexualidad es una de las facetas más sagradas, por cuanto supone la llave para la creación de nuevas vidas y uno de los medios más poderosos para llenarse de vida, o bien motivo de muerte (conflictos, enfermedades venéreas, deformidades por incesto...).



Ocurre que la sacralidad no es algo que tengan las cosas sino algo que la experiencia nos pide que pongamos en las cosas. Abundo en ello en esta otra entrada. Esa necesidad de tratar con sacralidad lo que tiene profundas repercusiones en la vida es mayor si cabe cuanto mayor sea la facilidad con la que la apariencia de inocencia de las cosas nos pueda llevar a tratarlas sin cuidado. No hace falta enfatizar mucho que tenemos que procurar no acercarnos al fuego porque nos quemaremos, y en cambio sí suele ser necesario enfatizar, por ejemplo que esos polvitos blancos que en palabras del rudo Torrente "no saltan, no te escupen,no te queman..." pueden sin embargo convertir la vida en un infierno...



Pues bien: la sexualidad merece ser tratada como sagrada. La experiencia nos lo ha enseñado hace mucho tiempo, en forma de niños sin familias estructuradas cuando no se ha vivido ordenadamente, o de enfermedades venéreas diseminadas por una población cuando no se ha cuidado, o de crimenes pasionales cuando no se ha tratado bien, o de crímenes abyectos cuando la satisfacción propia se busca a cualquier precio (incluido la inocencia de un niño o la libertad de una mujer...)



Por eso la sexualidad ha sido a lo largo de la historia una de las facetas de la vida en las que han convivido dos fuerzas opuestas:

la intensa pulsión de la atracción inmediata

y

la sólida normativización de su práctica

Y la historia de la humanidad ha fluctuado entre el sometimiento excesivo y rígido a unas normas (que en su principio y con sentido común tenían fundamento) y la liberación de dichos tabúes rígidos (al precio en ocasiones de experimentar en carnes propias y ajenas algunos de los dolores que motivaron la creación inicial de dichas normas). 



III. ¿Y por qué ocurre todo esto? 

Pues porque la sexualidad probablemente sea la acción singular que de un modo más intenso nutre al mismo tiempo los distintos niveles de la pirámide de Maslow:

a) la necesidad básica de desahogar una excitación (produciendo un estremecimiento de gusto)

b) la seguridad de consolidar relaciones de apoyo mutuo (con lo cual aporta una inmediata promesa de apoyo futuro)

c) la necesidad de saberse amado y de amar (con el abanico de muestras verbales, tactiles, olfativas, gustativas, auditivas y visuales)

d) la necesidad de saberse válido y reconocido y dar valor y reconocer (ser atractivo para otros es un deseo tan poderoso que una gran parte de la economía actual gravita sobre los atributos, productos, aspectos, sueldos, modas, etc. etc. con el que pretendemos incrementar dicho atractivo).

e) y el sentido... a veces lo hace perder, como nos enseñan algunas historias. Y a veces lo da plenamente, como al bueno de Quevedo...
 


 



IV. ¿Y qué tiene esto que ver  con la enfermedad mental grave?

Ocurre que en la persona con enfermedad mental grave hay un déficit general de casi todas las áreas de la pirámide de Maslow ( siente molestias físicas, se siente inseguro, se siente poco querido y se siente poco valorado). Con lo cual es fácil imaginar que busque con especial avidez las fuentes que de manera inmediata alivian esas carencias. Más específicamente, es fácil que personas con desinhibición en fase maníaca, o con sensación persistente de vacío como en el TLP, o con estados de tensión psíquica muy elevada como en algunas etapas de la esquizofrenia, o en cualquier forma de ansiedad, busquen con avidez en la poderosísima fuente del sexo.

Y el problema no es buscar las fuentes. El problema está en que la experiencia nos dice que solemos pagar precios muy altos por aquello que buscamos con avidez desmedida.

A veces ese precio es meramente económico (gastos en líneas eróticas, gastos en suscripciones a revistas o vídeos, gastos en comercio carnal).

Pero a veces el precio propio es aún mayor (abandono completo de tratamientos necesarios por el hecho de que repercutan en la esfera sexual, ensimismamiento enfermizo y pobretón en prácticas que no enriquecen la vida, limitándose a otorgar un breve desahogo que previamente han retirado por excitación, o abandono de las medidas elementales de autoprotección en relaciones sexuales de riesgo con posibilidad de establecer vínculos asimétricos y de abuso o de adquirir enfermedades venéreas).

En el peor de los casos el precio se puede hacer pagar a otros en forma de sostenimiento de industrias que cosifican la dignidad de las personas (pornografía, trata de mujeres), o de transmisión de enfermedades, o de actos que violan la sagrada intimidad de otra persona sin el permiso de su sagrada libertad, o de embarazos no deseados (que abocan al embrión a su eliminación abortiva, o bien a la criatura nacida a una crianza a costa del esfuerzo heroico de quien vaya a cuidarle, supliendo lo que no hará una pareja que irresponsablemente puso una vida en marcha).



Me remito aquí a otra entrada en la que hablaba de las normas de cuidado y diferenciar entre mandamientos invitaciones. Creo que todos estamos de acuerdo en que la libertad es un bien valiosísimo pero que no es el único valor posible y que cuando entra en colisión con el daño a terceros o cuando está gravemente mermada por una alteración de la capacidad de juicio existe no solo el derecho sino el deber de poner límites a ese daño voluntario a terceros o a ese daño involuntario a uno mismo.



Dicho todo lo anterior, aterrizamos un poco en la casuística de la psiquiatría para que tenga sentido y tengamos claro el norte.



¿Hay que escandalizarse por el hecho de que una persona con enfermedad mental grave utilice de modo recreativo aspectos de la sexualidad que no le dañan ni dañan a terceros y que únicamente suponen daño en el patrimonio? No, no hay que escandalizarse. Hay que leer tal situación como una invitación a quienes la rodeamos a proveerle de fuentes más variadas, más valiosas (y menos costosas) de aliviar sus necesidades básicas de sentirse seguro, de saberse amado, de poder amar, de sentirse válido y de poder reconocer a otros. Y de llevar su vida con sentido.



¿Hay que escandalizarse por el hecho de que una persona con enfermedad mental grave de salida a su natural pulsión sexual de un modo que le ponga así mismo o que ponga a terceros en riesgo físico o psíquico? Pues no, no hay que escandalizarse, pues no es nada nuevo bajo el sol, pero por supuesto que hay que intervenir, como intervenimos cuando el instinto natural de alimentación hace que un niño se lleve un trozo de cristal a la boca, o como intervenimos cuando el instinto natural de autoprotección le lleva a una persona a emplear violencia injustificada contra terceros.



V. Acabo con cinco consideraciones prácticas (aplicables a la enfermedad mental grave, pero en cierto modo a cualquiera de nosotros, pues todos somos sanos en proceso...) :



1. Ayudemos a encontrar cauces poco dañinos para la sexualidad (dado que vivimos en un mundo hipersexualizado, es decir, hiperexcitador de sexualidades no satisfechas). Aquí merece la pena diferenciar entre la aceptación de todo aquello que no produzca, e incluso reduzca, el daño (preservativo mejor que enfermedades de transmisión sexual, pornografía mejor que actos contra otros, anticoncepción mejor que embarazos no deseados, etc...) y el mantenimiento del sano inconformismo de no entender como plenamente bueno (antiguamente dirían no decir bien, no bendecir) aquello que no sea realmente valioso (y lo realmente valioso en sexualidad es una libertad y un buen cuidado que no necesita recurrir a parches como los anteriores: un ejercicio de la sexualidad consentido y con sentido).



2. Ayudemos a reducir en lo posible los estresantes que rodean a la persona con enfermedad mental (el exceso de tensión emocional en el entorno, o los efectos secundarios por tratamientos excesivos, o los síntomas molestos por insuficiente tratamiento) de manera que no sea tan ávida la búsqueda de alivios.



3. Ayudemos a la persona con enfermedad mental grave a lograr práctica de algunas actividades que tengan efecto inmediato relajante a coste cero (por ejemplo, alguna técnica de relajación, alguna oración interior de acuerdo al "idioma espiritual" que le resulte familiar, el paseo, la música...)



4. Ayudemos a la persona con enfermedad mental grave a sentirse más pleno, cultivando fuentes diversas de afecto, validez y sentido en su vida.



5. Y por último, prestemos atención a recoger con empatía el malestar que los efectos secundarios de muchos fármacos en psiquiatría produce en la esfera sexual ,y tratemos con proporcionalidad de atenuarlos (siempre que no se ponga en riesgo el bien mayor de la conservación de la claridad de juicio y de ánimo necesarias para ser libre).

viernes, 3 de febrero de 2017

Los miedos






Existe un mecanismo en los seres vivos (que se ve muy claramente en los niños, pero también se da en los adultos, e incluso en las culturas) que consiste en que, cuando a través de un camino concreto se llega a un fin deseable, se adopta hacia ese camino concreto una querencia de una intensidad desproporcionada al camino pero proporcional a aquello que se obtiene a través de él.

Por ejemplo: cuando un niño descubre el asombro y el gozo que se siente al escuchar un cuento, pide como un adicto que se repita dicho cuento una y otra vez, porque todavía no ha experimentado la vivencia de que se puede llegar a experiencias similares de gozo, asombro e interés a través de otros cuentos. 

De la misma manera, cuando a través de un camino se llega a un efecto claramente indeseable, a menudo se produce una fijación psíquica de manera que aprendemos a sentir aversión desproporcionada a dicho camino, cuando en realidad a lo que tendríamos que tener aversión es al resultado.

Ese es el mecanismo por el que se desarrollan filias y fobias. 

Por eso, si queremos entender el miedo, recordemos de qué nos informa: de que nuestras necesidades básicas, nuestra seguridad, nuestras fuentes de afecto o nuestro reconocimiento están amenazados.

Las necesidades básicas serían todo aquello que hace que su cuerpo esté sano, nutrido, descansado y capaz de actuar. Lo ideal aquí es el término medio (ni hambre ni hartazgo, ni frío ni calor, ni agotamiento ni molicie...).

La seguridad sería todo aquello que ofrece perspectivas presentes y futuras de que las necesidades básicas seguirán pudiendo ser satisfechas (y aquí también en el medio está la virtud, entre el exceso de prudencia cobarde/inseguro, y el defecto de prudencia del temerario o del inconsciente). Son universales los miedos a aquello que compromete nuestra seguridad (la oscuridad, los ruidos fuertes, las imágenes de seres agresivos...)

El afecto sería todo aquello que nos hace sentir agrado (serían como las caricias para el alma, manifestadas a través de palabras, miradas, sensaciones físicas placenteras, compañía, cuidados...).

La validez sería todo aquello que nos hace sentir valiosos (serían como los aplausos para el alma al contemplar otros nuestros talentos, o nuestras acciones).

Pues bien. La dificultad para discernir medios de fines, es decir caminos de metas, explica una gran cantidad de filias y fobias culturales y religiosas a lo largo de los siglos.

Pondré varios ejemplos:

Los antiguos experimentaron el horror de ver amenazadas sus necesidades básicas o su seguridad de muy diversas formas, como por ejemplo las deformidades que surgían como fruto de la consanguinidad, o la misteriosa enfermedad que asolaba a los que comieron cerdo en determinada época histórica en Oriente Medio, o la hambruna a la que se condenaba a la tribu cuando con visión cortoplacista se mataba a una vaca, y sí, se disfrutaba de carne durante unos días, pero se perdía la oportunidad de disfrutar de leche durante años y de tener terneros cada pocos meses... y así se entienden algunas fobias hechas tabú.

Del mismo modo, el temor a las consecuencias a las que alguna vez se llegó por ridiculizar o menospreciar al líder, llevó a muchas tribus tratar con miedo cerval cualquier atisbo de menosprecio a su líder. Esto tiene su lógica, ya que cuando se ridiculiza a aquel cuya obediencia va a permitir se salvan vidas, toda la tribu pierde, pues el mandato del veterano pierde autoridad. Sin embargo, lo cierto es que cuando la autoridad de un líder es genuina, este líder se puede permitir el lujo de ser sencillo, cercano, familiar, incluso motivo de risa genuina con los más pequeños de la tribu... Y a los niños les causan risa los tabúes...


Más recientemente, también en estos tiempos hemos exagerado individualmente las filias o fobias, de modo que hay quien  siente aprensión ante lo rechazable con razón, y que al sentir fugazmente la repulsa de creer que eso se encuentra en un cosa (realmente no merecedora de tanto rechazo), aprende a evitarla en exceso... Y así se desarrollan las neurosis fóbicas, con su ristra de nombres ridículamente prolija...




Y hay quien llega a configurar su personalidad de un modo desmesurado, como el dependiente, que se siente falto de amor  y sólo sabe buscarlo en una cosa  (y en cuanto encuentra una fuente "segura" de amor, dado por una persona, cosa o sustancia, se aferra a ella con fuerza, temiendo perderla). O el borderline, con el miedo compulsivo al abandono de los TLP (lo que se manifiesta en relaciones intensas cambiantes, fluctuando entre el goce de unirse y el miedo a disolverse en la unión, entre el goce de la autoafirmación al separarse y el miedo a la soledad si nadie más le quiere...) o el evitativo/fóbico social, que al sentirse falto de validez y no saber buscarla, teme exponer lo que intuye torpe al juicio ajeno, con miedo compulsivo al rechazo (lo que se manifiesta en evitación intensa de las relaciones, fluctuando entre el deseo de exponerse y el miedo a disolverse en la exposición, entre el goce de la autoprotección al aislarse y el miedo a la insignificancia si nadie le valora...)



En estos tiempos postmodernos, como sociedad, también hemos desarrollado miedos "sociales". Tememos el dolor, cuando no es por amor. Tememos el cambio, cuando no confiamos en nuestro valor para adaptarnos. Tememos al diferente, cuando no le entendemos. Y tememos perder lo que amamos, cuando amamos pocas cosas de verdad. Pero lo que tendríamos que temer con profundo estremecimiento es el frío de no amar...... 



¿Y qué hacer, entonces, con el miedo?

Quizá ese término medio aristotélico en el que el filósofo decía que se hallaba la virtud nos aconseja evitar las fobias a los caminos y sustituirlas por precauciones, y evitar las filias a otros caminos y sustituirlas por cariños. Y para ello, viene bien templar el estado de activación que produce (y es producido) por el miedo: la ansiedad. Tienes una entrada completa al respecto.


Por eso, no hay que desprenderse completamente del miedo. Viene bien conservar una elevada repulsa por lo abominable (el Dolor sin consuelo, la Insensibilidad ante lo importante, la Burla ante lo digno, la Adoración de lo trivial...) pero ir acostumbrándose a no abominar el hecho de que algo, alguna vez, haya llevado a lo abominable. No abominar todos los dolores, ni todas las insensibilidades, ni todas las burlas, ni todas las pequeñas y tiernas adoraciones, porque a veces son caminos oportunos e incluso necesarios.

Hay que mirar al miedo a los ojos, vencer el bloqueo que nos produzca y luego... decidir si actuamos contra lo que lo produce, o lo dejamos estar.

Termino diciéndolo en verso...


Libertad es romper las cadenas y  atarse a la gente,
caminar con el paso valiente  de un bravo guerrero,
 encontrar ese olor diferente
 que sólo se siente
 en el aire sincero.


Libertad es que digan ¿por qué?
 y contestar: Porque quiero.




Libertad es seguir una huella
sin dejarse vencer por el miedo
y soñar las canciones más bellas
porque en las estrellas
sueño cuanto quiero.


 Libertad es sentir hasta pena  

 por los pobres con mucho dinero
 Libertad es salir a la escena
 y ver que está llena
 de gente que quiero.


 Libertad es saltar por encima
 de las piedras que habrá por el suelo.
 Seguir siempre camino a la cima
 sabiendo que arriba
 te aguarda un te quiero.

  

Libertad es romper las cadenas y  atarse a la gente,
caminar con el paso valiente  de un bravo guerrero,
 encontrar ese olor diferente
 que sólo se siente
 en el aire sincero.


Libertad es que digan ¿por qué?
y contestar: Porque Quiero.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Testamentos

Hay quien cree que los antiguos eran tontos. 

Yo creo que no.


Yo creo que se presentaron diariamente a un examen francamente duro en el que aprobar o suspender marcaba la diferencia entre vivir o morir. Estoy hablando del examen de la realidad en la asignatura de supervivencia. No creo francamente que tuviesen tiempo para florituras y sí creo, sin embargo, que las lecciones que tan duramente aprendieron se les quedaron tan grabadas que imaginaron con temor que sus hijos, o los hijos de sus hijos, tendrían que volver a pasar por los mismos dolores que ellos para aprenderlas.






Por eso decidieron ahorrarles esos malos tragos y crearon las imágenes de aquello que no es intuitivamente importante, pero que la realidad les ha dicho que sí era muy importante y así apareció lo sagrado, lo divino, los dioses, lo adorable... y quisieron grabar también de modo imborrable aquello que parece intuitivamente inocente y que sin embargo conduce a la muerte al cabo de un tiempo, y a eso le llamaron los tabúes o los pecados mortales.


Imagino que los antiguos llamaban sagrado a aquello que tenía una importancia vital de primer orden, pero cuya apariencia de ser importante no era evidente, y por tanto tenía que ser enfatizada por los viejos del lugar. Ese sentido de lo sagrado, es similar al que muchos padres transmitimos a nuestros hijos cuando les vemos tomar a la ligera cosas que sabemos que son importantes: "Niño, no juegues con la comida, la comida es sagrada"." Niño, no faltes al respeto a papá o a mamá, eso es sagrado". "Niño, cuida tu cuerpo y no lo enseñes a la ligera a cualquier desconocido, eso es sagrado". "Niño, no digas mentiras a papá o a mamá, cuando te preguntamos algo tienes que decirnos la verdad, eso es sagrado". Antiguamente dirían "no apaguéis el fuego que nos ha costado mucho encender, eso es sagrado", "no faltéis a las celebraciones que nos hacen sentirnos parte de una comunidad. eso es sagrado", "no os comáis a los gatos: nos ayudan contra los roedores que se comen nuestras cosechas, y eso es sagrado...". En fin, creo que se entiende por dónde van los tiros...

Por eso, si quieres hoy saber qué es sagrado, pregunta a las buenas personas con experiencia de la vida (tus mayores, o tu propia experiencia si ya has vivido mucho), y te dirán que… la vida, la salud, la comida, la mente de los niños, la naturaleza, la educación, tu cuerpo, las esperanzas, la verdad… son sagradas.

Y si quieres saber qué es tabú, pregúntales también, y fíjate en el profundo rechazo (casi temor, y dolor) en sus ojos al nombrar eso que parece inocente pero que causa muchísimo daño: las peleas entre hermanos, el egoísmo, la avaricia, el materialismo, las drogas, la falta de respeto a la familia, las burlas a quien merece respeto, la crueldad, la contaminación de lo hermoso…

Y si no quieres preguntar, basta con que escuches a tus entrañas:

Normalmente, cuando estamos en paz, la contemplación o reflexión en torno a aquello sagrado produce un estado de asombro y plenitud (como al ver un paisaje, o el cielo nocturno, o la mirada de quien nos ama, o a nuestros hijos durmiendo...). La emoción es tan intensa, que a veces no queda sino compartirla. Mocedades le dedicó una canción a este tipo de cosas, y miles de poetas les han dedicado millones de versos... Mi admirado Silvio, cantante y poeta, dedicó una de sus mejores canciones a lo sagrado y lo profanado, llamada, cómo si no... Testamento.

Y siguiendo con nuestras entrañas, normalmente se nos revuelven con fuerza, y sentimos legítimos deseos de usar esa fuerza (aunque luego la transformemos en fuerza constructiva para no destruir), cuando sabemos que alguien ha profanado con tosquedad bruta algo de eso sagrado (un malnacido abusando de la inocencia de un niño, un líder de una ONG buscando su lucro personal, un grupo farmacéutico falseando un estudio para engañar a la población, un presidente de Estados Unidos despreciando el valor de las esperanzas de mucha gente sólo por sus papeles o color, o una empresa destruyendo ecosistemas sólo para dar "un pelotazo", o un móvil que suena durante el concierto en directo del Mesías de Handel...)

Y si quieres dedicar un rato a ver qué cree "la gente" que es sagrado o tabú, puedes disfrutar de la película Human, del cineasta y artista Yann Arthus-Bertrand, que pasó tres años recogiendo historias de la vida real de 2000 hombres y mujeres de 60 países. Dejo enlace aquí. Muy recomendable.



Por eso hoy, con respeto, quiero hacer alusión a dos largas recopilaciones por escrito que muchos otros que vivieron antes que nosotros quisieron dejar a las generaciones posteriores (y por tanto, también a nosotros). Como legados valiosos (más que los bienes materiales, pues se trataba de lecciones de la vida) decidieron en algún momento llamarlos testamentos. Ambos escritos son fáciles de encontrar, pues se han traducido a casi todos los idiomas, y llevan siglos distribuyéndose (al principio, copiados a mano), además de que se leen en público a diario en casi todo el mundo.

Uno de esos testamentos, más antiguo, se centró en tratar de evitar que retrocediésemos en el camino de construir una sociedad de paz, y se dedicó a señalar aquello que debíamos evitar para no dañar la salud del grupo, o propia. Se parece mucho a lo que la experiencia de convivencia en la unidad de rehabilitación nos llevó a plasmar en normas.Te dejo enlace.

El otro, más reciente o nuevo, recogió todo lo anterior y lo amplió con una serie de invitaciones a avanzar , que coinciden mucho con lo que la propia experiencia como psiquiatra me ha ido mostrando, y por ello he ido desgranando en diversas entradas. Pongo ejemplos:

1. El libro del que hablo  nos mandó amar (como esta entrada)

2. El libro del que hablo nos mandó cuidarnos y no dañar, pero nos invitó a ir más allá cuidando a otros y creciendo (como esta entrada)

3. El libro del que hablo puso en marcha un plan para arreglar el mundo empezando por los más próximos (como esta entrada)

4. El libro del que hablo nos previno contra la tibieza y la medianía cobarde, o contra la insensibilidad (como esta entrada o esta otra)

5. El libro del que hablo enseñó como coordinarse de manera sencilla en comunidades de personas diversas (como esta entrada)

6. El libro del que hablo nos enseñó a tratar bien a los niños, y a ser sus Reyes magos (como esta entrada)

7. El libro del que hablo nos enseñó a cuidarnos evitando los errores que pueden dañar nuestra cabeza o salud mental (como esta entrada)

8. El libro del que hablo nos enseñó a ser idealistas con los pies en la tierra (como esta entrada)

9. El libro del que hablo nos enseñó a no poner el corazón en objetos que solo son reflejos de lo verdaderamente amable, y a no temer a las sombras, sino a lo verdaderamente temible (como esta entrada)

10. El libro del que hablo nos enseñó que a veces tenemos que enfadarnos e indignarnos (como esta entrada)

11. El libro del que hablo nos invitó a aprender de la gente sencilla que vive y experimenta (como esta entrada)

12. El protagonista del libro del que hablo sabía que pasaría por loco, pero no le importaba, pues en el mundo del egoísmo y la pseudológica, el amor, el idealismo y la sencillez desentonan... (como vemos en esta entrada)

13. El libro del que hablo nos invitó a no agobiarnos por el futuro ni a quedarnos anclados enterrando los muertos de nuestro pasado (como esta entrada) centrándonos en el presente (como en esta entrada), pero recordando que hay ciclos más pequeños y más grandes que nosotros (como en esta entrada)

14. El libro del que hablo nos invitó a no ser esclavos del dinero (como esta entrada, o esta otra)

15. El libro del que hablo señalaba caminos de libertad genuina (como esta entrada o esta otra)

16. El libro del que hablo hablaba duro a los que se autoerigían en jueces de lo bueno y lo malo en los demás, con hipocresía, algunos de los cuales crecerían en su propio "equipo" (como esta colección de entradas)

17. El libro del que hablo nos enseñó el valor del perdón (como esta entrada)

18. El libro del que hablo nos enseñó el valor de la verdad (como esta entrada) pero también que los hechos importan más que las palabras (como en esta entrada)

19. El libro del que hablo nos señalaba caminos para ser verdaderamente felices (como esta entrada en verso) sin buscar lo que sólo aparenta ser valioso (como en esta entrada)

20. El libro del que hablo vino a traer guerra sin espadas (como esta otra entrada en verso)

21. El libro del que hablo nos previno del error de temer a quienes no comprendemos (para lo que escribí esta colección de entradas) o de guardar una distancia excesiva y rígida por miedo (como en esta entrada)

22. El libro del que hablo señalaba caminos para acrecentar nuestro verdadero valor (como esta entrada) y a reconocerlo en los aparentemente "minusválidos" (como en esta entrada), evitando idolatrías y narcisismos... (como esta entrada o esta otra)

23. El libro del que hablo nos enseñó a afrontar los problemas con heroísmo, y a ser posible, en equipo. Y de hecho su protagonista actuó con heroísmo pacífico, y creó equipo (como verás en esta entrada)

24. El libro del que hablo nos enseñó a educar y cuidar, sobre todo a los niños y ancianos, como jardineros que siembran y  cultivan (como esta entrada o esta otra)



En fin, podría seguir, pero lo importante es que en los tiempos que corren quizá ya no son tan necesarios dichos libros: ya hay un clamor mundial en palabras, arte, cine, canciones y movimientos sociales que pide justicia, libertad, amor, fraternidad, sobriedad y cuidados a los más débiles... e intuyo que no tardaremos mucho en coordinarnos y actuar de modo efectivo y pacífico. Pero es justo valorar, bajo los árboles, las semillas que los hicieron crecer, aunque se hayan quedado secas, arrugadas y pequeñas. Han hecho su papel.

Y hoy quería recordarlos con cariño.